jueves, 29 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: Hablemos de feudalismo, el concepto y su debate historiográfico

El término feudalismo es, con casi toda probabilidad, uno de los conceptos que más polémica y más debate han generado en el ámbito historiográfico. De hecho, y de forma muy paradójica, su uso comienza a cobrar importancia a partir del 4 de agosto de 1789 cuando la Asamblea Constituyente, que fruto de la Revolución Francesa, declara la abolición completa del feudalismo como un aspecto degradante de la sociedad. Es decir, una de las primeras veces que se usa el término es precisamente para prohibirlo. Desde ese momento, y a lo largo del siglo XIX, van a surgir dos interpretaciones enfrentadas; los llamados institucionalistas y, por otro lado, la interpretación del marxismo y el materialismo histórico.

Respecto a la primera interpretación, la definición más aproximada la formuló François-Louis Ganshof, un medievalista belga que entendía por feudalismo «el conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio -generalmente militar- por parte de un hombre libre, llamado "vasallo", hacia otro hombre libre llamado "señor", a cambio de obligaciones de protección y sostenimiento del señor al vasallo, siendo en ocasiones ese sostenimiento en forma de la concesión de un bien llamado feudo». Por lo tanto, el término de Ganshof, y que mantienen la mayoría de institucionalistas, restringe el feudalismo a un espacio, un tiempo y un número de personas en concreto, pues solo se habría desarrollado en la Europa Occidental, propiamente en los siglos medievales y afectando exclusivamente a aquellos individuos que estaban dentro de las relaciones de tipo feudovasalláticas. 

Las muy ricas horas del Duque de Berry (c. 1412-1416) por los hermanos Limbourg (Herman, Paul y Johan).

El materialismo histórico, por otro lado, tiende a identificar el feudalismo como una formación social con un modo de producción concreto. Así, para Marx y sus seguidores, el feudalismo sería el resultado de tres estructuras; la estructura económica como conjunto de relaciones de producción, la jurídico-política entendida como la forma del Estado y sus leyes y, la estructura ideológica como el sistema de ideas, costumbres y mentalidades que justifican el sistema. De este modo, para el marxismo, el concepto de feudalismo solo se puede entender desde su sentido amplio, como una organización social, económica y política fundada en las relaciones de hombre a hombre y, donde una minoría de señores domina a una masa de campesinos sometidos al pago de unos impuestos (cargas) por las que pueden trabajar la tierra (usufructo). Así, la propiedad no es del campesino, pero tampoco del señor en sentido absoluto, pues este solo la ostenta en función de los compromisos contraídos con un señor superior (propiedad eminente). 

Desde la óptica marxista, el feudo no desempeña un papel fundamental en una formación social feudal. Se trata de un elemento puramente sancionador de una serie de relaciones de producción entre campesinos y señores, que ya existían previamente, una estructura jurídico-política de menor entidad si la comparamos con las estructuras económicas sobre las que se asienta. En este sentido, el feudalismo, entendido como modo de producción o como formación social, habría correspondido a una etapa intermedia entre el esclavismo característico de la Antigüedad y el capitalismo dominante en los últimos siglos. En suma, no podemos hablar de feudalismo exclusivamente para Europa Occidental, ni tampoco exclusivamente para el periodo medieval. Dependiendo de las diferencias de ritmo, en el caso europeo por ejemplo, podemos hablar de la presencia de estructuras feudales desde la crisis del Imperio Romano (siglo III-siglo IV) hasta prácticamente el siglo XIX. Charles Parain mantuvo que, aunque los mecanismos jurídico-políticos del feudo hubieran desaparecido, no es un inconveniente seguir llamando «feudal» a una sociedad donde «el trabajador agrícola, aun no siendo esclavo, está sometido a cargas que limitan su libertad y propiedad personal, y cuando ni su fuerza de trabajo ni el producto de su trabajo se puede convertir en un productor de intercambio libre». Así, si bien el colono romano del siglo IV estaba anunciando el feudalismo, a la altura de 1930 algunos campesinos sicilianos, andaluces o húngaros todavía vivían bajo ataduras de la misma naturaleza. Hoy, podríamos añadir la dramática situación de millones de personas, ya no solo en el Tercer Mundo, sino incluso en los países más desarrollados. 

Esta visión tan amplia ha sido criticada por los institucionalistas, que distinguen entre relaciones feudales y relaciones señoriales como dos aspectos diferentes. Las primeras afectaban exclusivamente a las élites dirigentes y desaparecen en el Medievo. Las relaciones señoriales eran aquellas que ligaban a los campesinos con los señores con una serie de cargas, dichas relaciones sí que pervivirán hasta el final del Antiguo Régimen. Para el materialismo histórico esta disociación es superflua por tanto en cuanto una sociedad se tiene que definir en términos de globalidad. Parain consideraba peligrosos «los formalismos que tienden a olvidar la profundad unidad existente entre las relaciones de producción, forjadas entre campesinos y señores en torno a la tierra, y la jerarquía feudal que sancionó y garantizó durante largo tiempo el mecanismo de esas relaciones»

Sea como fuere, en este debate también nos encontramos con algunas posturas intermedias, un tercer grupo de interpretación que la historiografía ha denominado como eclécticos. Entre ellos destacan Marc Bloch, que en su obra La sociedad feudal (1939), analizó de manera profunda la definición del feudalismo. También está Claude Cahen, que inventarió en cuatro los factores constitutivos del sistema feudal; en primer lugar una organización económica donde prima el gran dominio cultivado por los campesinos, que con su trabajo crean la renta de la que vive el propietario. La segunda característica es el predominio de los lazos de dependencia de hombre a hombre en todos los niveles de la escala social. En tercer lugar nos encontramos con un fraccionamiento de la autoridad. Y en cuarto lugar, la existencia de una importante aristocracia militar. Salvador de Moxó, desde una perspectiva institucionalista, aportó además un quinto factor, el factor cultural siendo un ejemplo el reflejo que la épica de la literatura medieval reflejaba sobre el feudalismo.


Destrucción (1836), por Thomas Cole.

De este modo, más allá de debates y polémicas, sí que podemos asegurar que desde el mandato de Diocleciano, en el camino del siglo III al siglo IV, hay un proceso, una serie de transformaciones sociales que podríamos denominar «bajoimperiales» (Bravo Castañeda, 1980) y que reflejan un modelo productivo que no es esclavista pero tampoco llega a ser feudal. Básicamente era la génesis de una estructura socioeconómica nueva, un proceso de deslizamiento que acabó por configurar una sociedad marcada por una importante atomización del poder, una primacía de las relaciones de dependencia personal a todos los niveles y un predominio casi absoluto de la tierra como fuente de riqueza. Esta sociedad en transición, a caballo entre el esclavismo y el sistema feudal viene acontecida principalmente por la crisis política del Imperio Romano y la convulsa situación social que puso en jaque al sistema esclavista. Con el bloqueo del expansionismo romano y la crisis demográfica, el número de esclavos se veía reducido al mismo tiempo que su rentabilidad caía por los suelos. De este modo, poco a poco los esclavos fueron sustitutidos por hombres libres que engrosaban las filas del colonato, dando paso a la formación de un sistema de patrocinio de grandes propiedades que acabaron por configurar el propio feudalismo.

La disolución del poder central y de la mayoría de las formas de esclavismo, junto con la degracación del estatus económico de la población libre, hicieron que la mayoría de la población fuera a buscar protección bajo los más poderosos. De aquí, surge el feudalismo y una complejo entramado de categorías sociales que tradicionalmente se han resumido en tres. En primer lugar, los grupos privilegiados. Fundamentalmente era una mezcla entre la vieja nobleza senatorial romana y la élite militar germánica, dando paso a una élite dominante de los elementos institucionales del proto-feudalismo. En ella nos encontramos con la nobleza (linajes), la administración civil y la administración eclesiástica. En segundo lugar, estratos medios como pequeños propietarios libres. Y en tercer lugar, los campesinos sometidos a un importante propietario, patrocinados o encomendados, a pesar de tener un estatus de libertad. Por debajo de ellos, y aunque la esclavitud estaba en pleno retroceso, los libertos que estaban a camino entre la libertad y la servidumbre. En suma, poco a poco se va configurando el sistema dominical, base de la sociedad feudal. 

Folio del manuscrito del Cantar de mio Cid conservado en la Biblioteca Nacional de España (c. 1200)


Así, con la madurez de la sociedad feudal se va creando el ideal de la sociedad tripartita. La visión de los propios intelectuales medievales del momento era la interpretación de la Humanidad como un cuerpo místico cuya cabeza era Cristo. De este modo, se producía una integración armónica de los hombres con Dios, con la naturaleza y, también con el resto de seres humanos. Evidentemente, esta es una visión ideal y monolítica que no correspondía con la diversidad de funciones en la sociedad, por lo que de manera temprana se plantean posibles divisiones en aquellos que se dedican a la oración, a la guerra y al trabajo. Intelectuales como Aldaberón de Laon -Carmen ad Robertum regem- o Gerardo de Cambrai, hicieron una división funcional de su sociedad en los que ruegan, los nobles y los que trabajan. Pensaban en un equilibrio y un buen funcionamiento de la sociedad cristiana basada en un intercambio de relaciones y servicios recíprocos. Aunque la realidad fue mucho más compleja, y tendríamos que contemplar otras clases que no entraban dentro de estos esquemas como por ejemplo la burguesía. Es más, realmente, como mantuvo Pierre Vilar, se puede hablar de una gran masa campesina que alimenta a todo el conjunto y que se ve gobernada por dos superestructuras; la política simbolizada por los guerreros y la ideológica, representada por la Iglesia. Estas dos estructuras, que aunque en ocasiones tengan enfrentamientos, tienen siempre unos objetivos y beneficios similares. 

En primer lugar, podemos hablar de los bellatores o la aristocracia feudal. Muchas veces definidos por sus funciones, caballeros -como impronta del estamento nobiliario con una serie de derechos y deberes morales herederos de una mezcla de tradiciones romana, germana y cristiana-, o también por su género de vida, nobilis. Son un grupo no poco homogéneo donde nos encontramos desde poseedores de grandes principados feudales hasta pequeños nobles como fueron, por ejemplo, los hidalgos castellanos. Su principal poder reside en la fuerza del linaje y en el control de los propios mecanismos feudovasalláticos. Según Heers, los linajes y los clanes familiares se rodearon de personas fieles y directamente dependientes del señor desde finales del siglo IV, para poco a poco, como estudió Ganshof, entrar en la etapa del «vasallaje clásico» entre el siglo X y el XIII, donde las instituciones feudovasalláticas están asentadas y alcanzan a toda la cristiandad. 


Felipe IV de Francia recibe el homenaje del rey de Inglaterra, Eduardo I en 1286 (c. 1455), por Jean Fouquet.

El contrato de vasallaje consta de dos elementos; el personal (homenaje) y el material (feudo). El primero, el homenaje, viene del término latino inmixtio manuum, y describe el momento en el que el vasallo junta las manos con las de su señor y se realiza el compromiso verbal de cumplimiento por las dos partes (volo). Le sigue el juramento de fidelidad, que se suele realizar sobre un ejemplar de los libros sagrados o algún tipo de relicario. Este juramento tiene una enorme fuerza moral, puesto que su incumplimiento conlleva un pecado mortal, a pesar de que a lo largo del tiempo este acto se acabó convirtiendo en una mera formalidad. El contrato, más allá de las formalidades, implica una serie de derechos y deberes por ambas partes. Del vasallo al señor, el consilium y el auxilium. Es decir, la obligación de asistir al señor con sus consejos en su curia o corte y el segundo, mucho más complejo, la ayuda generalmente en forma económica o militar. Respecto a las obligaciones del señor sobre el vasallo, se pueden resumir en protección, en caso de que sea atacado injustamente, y manutención para dotarlo de unos medios con los que sea capaz de cumplir sus obligaciones, bien con la concesión de un feudo o bien de manera directa. El incumplimiento por una parte, la felonía en el caso de que sea el vasallo, supone la ruptura total del vasallaje, un sinónimo de traición dentro de un complicado entramado jurídico en el que ahora no vamos a entrar. 


El campesinado medieval en una miniatura del salterio Queen Mary (libro de salmos, Psalter en inglés, siglo XIV).

Por otro lado, está el orden eclesiástico, un mundo para nada homogéneo. Encontramos grandes distinciones entre el clero regular y el secular. Pero además, hay grandes diferencias entre las élites cardenalicias, los titulares de las sedes episcopales y metropolitanas y sus cabildos de canónigos, con todo el ejército de vicarios, párrocos y capellanes que conforman un verdadero proletariado clerical, generalmente de baja extracción social, mal formados y pobremente retribuidos, siendo la parroquia rural, en muchas ocasiones un refugio para el propio campesinado. Un campesinado, una tercera fracción de la sociedad, que es la más numerosa, pero generalmente la más olvidada por la historiografía. Sea como fuere, los últimos años, la «historia desde abajo» nos ha mostrado las lamentables condiciones de vida en las que vivían esa gran masa de trabajadores que si bien, supuestamente tenían una condición de libertad, eran siervos. La tierra fue el medio por el cual una minoría dominante ejerció su autoridad sobre la gran masa social de campesinos. De hecho, con la desaparición de la esclavitud, la servidumbre se presenta como su principal heredero en tanto en cuanto, los campesinos quedaba sujetos de manera hereditaria, ya no a un dueño o señor, sino a la tierra, que es la que en el feudalismo va a determinar su condición jurídica. Las cargas por el trabajo de la tierra eran altas, de esta manera la casta feudal veía un incremento en sus rentas, al mismo tiempo que el campesinado se empobrecía y veía limitada su libertad. Tenemos ejemplos extremos del abuso de los señores sobre los vasallos, como por ejemplo, ya en el siglo XI, de «los malos usos» en Cataluña o el ius male tractandi en Aragón o lo que es lo mismo, el derecho a maltratar a los campesinos. A pesar de todo ello, con el impulso que supuso el crecimiento económico del siglo XIV algunas comunidades lograron su emancipación, por lo que la situación del campesinado mejorará progresivamente aunque de manera muy irregular y sobre todo, con grandes diferencias geográficas. 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Jaime Gil de Biedma, No volveré a ser joven, 1968

Cuando van pasando los años te empiezas a plantear la vida y las cosas de otra manera, eso está claro. En la niñez, eres demasiado infeliz, demasiado ignorante como para darte cuenta del paso del tiempo. Nuestra estancia en esos momentos ha sido tan breve y, generalmente feliz, que nos parece que todo va a ser siempre igual. Pero no, eso lo empiezas a ver en la adolescencia. Una época donde parte de tu ser se va de vacaciones durante unos años y piensas que te vas a comer el mundo, que eres el centro del universo, que si estás aquí es por algo. Todo eso, acrecentado por el poder de la masa y de la pandilla, te lleva a entender tú existencia como la de una figura clave para la historia de la Humanidad. Luego te vuelves a dar cuenta de que no, nada de eso. La madurez, que no llega para todo el mundo al mismo tiempo, es una buena hostia de realidad que te muestra que la vida es breve, intensa, muchas veces injusta y triste, con momentos de alegría y con momentos de tristeza. 

Precisamente eso es lo que me transmite este poema de Jaime Gil de Biedma (1929-1990) que aparece recogido en su publicación Poemas póstumos en el año 1968. Un poema muy famoso, ya que ha sido versionado por multitud de artistas, aunque yo destacaría la versión que tiene José María Sanz Beltrán, más conocido como Loquillo, en su álbum La vida por delante, con 12 poemas musicados por Gabriel Sopeña.

«Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra
».


lunes, 26 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: La guerra entre los griegos o la Guerra del Peloponeso

Habían pasado prácticamente 50 años desde el final «no oficial» de la guerra contra Persia, cuando los griegos decidieron luchar los unos contra los otros en el año 431 antes de la Era. En esos 50 años, Atenas se había convertido en un importante imperio naval y comercial y, bajo su liderazgo en la Liga de Delos, controlaba todo el ámbito jonio del Egeo. Los métodos autoritarios de Atenas para controlar esta alianza, habían convertido lo que inicialmente era un pacto de autodefensa contra los Persas, en una importante herramienta imperialista para la ciudad de Atenas. En este sentido, hay que decir que la relación entre aliados no era entre iguales. Atenas ejercía su liderazgo de un modo agresivo y poco dialogante, atacando y arrasando a cualquier polis que tuviera dudas sobre su continuación en la alianza. Mileto en el año 450 o Samos en el 441 sufrieron grandes represalias por esta cuestión, pero en el año 431 cuando Potidea decide abandonar la alianza, y ante una previsible represión ateniense, se inclina por pedir ayuda a Esparta. La respuesta es afirmativa, pues Esparta, la otra gran potencia griega, tenía muchas ganas de acabar con la hegemonía ateniense. De este modo, cuando Esparta y sus aliados -la Liga del Peloponeso- declaran la guerra a la Liga de Delos, comienza la guerra entre los griegos.

Escenario de la guerra del Peloponeso.

Una guerra que tradicionalmente se ha dividido en tres grandes fases bélicas. La primera fase viene determinada por las acciones ofensivas de la Liga del Peloponeso bajo el liderazgo de Arquidamo II de Esparta. Su principal objetivo es arrasar Atenas, pero sus buenas defensas hacen imposible su toma, por lo que se suceden varios intentos de asedio sin exito. Por otro lado, Pericles opta por lanzar pequeñas escaramuzas a lo largo de la costa del Peloponeso, al mismo tiempo que confía en la capacidad defensiva de las grandes murallas de Atenas. Pero su enemigo estaba dentro, tras días de sitio, un brote de peste en el centro de la polis mata a prácticamente un tercio de su población, afectando al propio Pericles. Sus sucesores políticos, Cleón, Nicias y Alcibíades inician a partir de ese momento una lucha política por imponer su forma de actuar en la guerra. La guerra es brutal, la situación de Atenas es crítica, y se acrecenta todavía más tras la derrota en la batalla de Anfípolis en el 442 donde muere Cleón. Por ello, ambos lados de la contienda acuerda una paz -llamada de Nicias-, que al igual que un descanso en un combate de boxeo, sirvió para descansar, cerrar heridas y recuperar fuerzas. 

La plaga de Atenas, por Nicolas Poussin.

La paz dura poco. Entramos en la segunda fase del conflicto de la mano de la batalla de Mantinea (418), en donde se escribe el principio del fin de la hegemonía ateniense. Su derrota, supone el inicio de las luchas políticas internas en la polis por el control del poder. Alcibíades, un personaje de renombre, propone como recuperación moral el envío de una flota contra Siracusa, en Sicilia. El resultado es desastroso, la flota es destruida (413) y en Atenas todo el mundo pide la cabeza de Alcibíades, que sabiamente huye a Esparta. Allí, conspirará contra Atenas haciendo propuestas a los espartanos sobre los mejores lugares para invadir el Ática y cómo agitar a las ciudades de Asia Menor dependientes de la Liga de Delos. Este doble juego, le crea nuevos enemigos en Esparta y, de nuevo, tiene que huir, aunque en esta ocasión lo hace a Sardes (Imperio Persa). 

Entramos en la tercera fase de la guerra con el regreso de Alcibíades a Atenas con una promesa, la promesa de tener el apoyo de Persia en la guerra contra la Liga del Peloponeso. Algunas pequeñas victorias como en Cícico (410) le dan un cierto apoyo en la opinión de los atenienses y de nuevo se sitúa en la esfera de poder. Pero ya se sabe, el que tuvo retuvo, Alcibíades vuelve a huir a Sardes donde ya nunca más volverá, pues con ese doble juego que había practicado, se había creado muchos enemigos y morirá asesinado poco después de su llegada. De hecho, el apoyo de Persia llegó, pero sobre el bando contrario, pues ayuda a Esparta a hacerse con una pequeña flota que llevaría a importantes victorias frente Atenas como en Arginusas (406) o Egospotamos (405). Con el imperio ateniense liquidado se produce el definitivo sitio de Atenas en el 404, que es seguida de una dura represión por parte de Esparta. 

La flota ateniense en Siracusa.

El final de la guerra supone, en primer lugar, el final de la hegemonía ateniense en el mundo griego. También el final de su forma de gobierno, la llamada «democracia radical», que es sustituida por un gobierno tiránico impuesto por Esparta, el conocido como gobierno de los Treinta Tiranos. En segundo lugar, la guerra supuso una decadencia moral del mundo griego en general, la hegemonía de Atenas es sustituida por un dominio espartano autoritarios y cruel. De este modo el gran beneficiado de la guerra de los griegos fue Persia, así como otras potencias colindantes como Roma o Cartago, e incluso zonas periféricas de Grecia como Tesalia, Épiro o Macedonia. No en vano, unos treinta años después del final de la guerra del Peloponeso, un rey de Macedonia, un área insignificante hasta ese momento, dominará toda la tierra de los griegos. Ese rey fue Filipo, padre de Alejandro Magno. 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: Las Guerras Médicas, el primer enfrentamiento Occidente-Oriente

Las Guerras Médicas supusieron para la historia el inicio de una relación de amor y odio entre Oriente y Occidente, una relación que prácticamente se ha prolongado hasta nuestros días, aunque con distintos protagonistas. Las fuentes fundamentales para aproximarnos a este periodo son en su mayoría coetáneos de los acontecimientos, pero deben ser estudiados de manera crítica pues la mayoría provienen exclusivamente de uno de los bandos del conflicto, como por ejemplo Heródoto, Diodoro de Sicilia, Estrabón, Plutarco o Pausanias.

Desde mediados del siglo VI antes de la Era, la presencia de los persas en la zona de Asia Menor era cada vez mayor. De hecho, el reinado de Ciro II el Grande (c. 600/575-530 a.E.) se caracterizó por un periodo de conquistas, por un periodo de expansión no solo sobre Asia Menor (Lidia) sino también sobre Babilonia o Media, formando un imperio que se extendía desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindú Kush. La mayoría de las fuentes hablan de Ciro II como un rey justo, piadoso y, a pesar de ser un monarca autoritario, respetuoso sobre las culturas conquistadas. Su sucesor, Darío I (c. 558-486 a.E.), un monarca con gran aptitud militar, decidió iniciar una política de presión sobre las ciudades-estado griegas que recorrían la costa de Asia Menor. Además, las conquistas de Tracia y Macedonia por parte de los persas no hicieron otra cosa más que añadir más tensión a una situación insostenible. La tensión finalmente rompió la cuerda y en el año 499 a.E., bajo el liderazgo de Aristágoras de Mileto, una serie de ciudades jonias se levantan contra la presencia persa. Piden ayuda a otras polis, pero solo responden a su llamamiento Atenas y Eretria con el envío de una pequeña flota. Atacaron Sardes como capital de la satrapía de Lidia y consiguen recuperar el control de Bizancio, pero la respuesta persa no tardó en llegar y en el año 494 en la batalla naval de Lade, las fuerzas de Dario I aplastan al combinado jonio. 


Retrato de Ciro II el Grande.

Tras ello, bajo el mando del general Datis, un ejército persa se dirige a castigar a aquellos que habían apoyado la revuelta al otro lado del Egeo, principalmente Eretria y Atenas. La primera sale muy mal parada, como primer objetivo del ejercito persa, la ciudad es literalmente arrasada, para después, como forma de castigo ejemplar, deportar a toda la población superviviente al otro extremo del Imperio Persa. La expedición continúa y la siguiente parada es Atenas. En septiembre del 490 a.E. la flota persa desembarca en Maratón, Atenas pide ayuda a Esparta como potencia militar terrestre, pero estos niegan la ayuda y prefieren mirar hacia otro lado. En Atenas hay dos posiciones respecto a la guerra; por un lado está Temístocles -arconte en el 493- que propone la fortificación de Atenas y la construcción de una flota de carácter ofensivo. Por otro lado Milcíades -strategos en el 491- que apuesta únicamente por una posición estrictamente defensiva realizando únicamente una fortificación de la ciudad. Finalmente, la balanza se decanta por una posición más ofensiva y será un relativo éxito, pues con el desembarco de las tropas persas en Maratón, los atenienses deciden ir en su búsqueda en lugar de esperarlos en la polis. Allí, en Maratón, los atenienses logran repeler al ejército persa que se ve obligado a regresar a posiciones más seguras en Asia Menor. 

Mapa sobre los movimientos de los ejércitos en las Guerras Médicas.

Lo que para Persia fue una pequeña escaramuza, en Atenas se magnificó como una gran victoria fruto del orgullo surgido en su comunidad. La primera derrota persa en el territorio de los griegos benefició a Atenas dentro de la opinión general del resto de los griegos. En cambio, Esparta, que había obviado las peticiones de ayuda, sufre un duro golpe moral y la propia Gerusía se ve obligada a destituir a Cleómenes del cargo y nombrar como rey a Leónidas I, suponiendo este uno de los pocos intentos renovadores de la anclada Esparta. Por otra parte, Darío tenía otros muchos problemas en su basto imperio, a esta revuelta de los griegos, había que sumar una serie de rebeliones en Egipto y Mesopotamia que hacen que el tema de Grecia pase a un plano secundario para los intereses persas. En el 486 muere Darío y le sucede en el poder su hijo Jerjes I (518–465 a.E.), que se ocupa de acabar con las rebeliones de Egipto y Mesopotamia para centrar de nuevo su mirada sobre las tierras de los griegos con una expedición terrestre y marítima por la costa del mar Egeo. 

La batalla de Salamina (1868), por Wilhelm von Kaulbach.

Esta vez sí, los griegos se unen para luchar contra los ejércitos persas que ya habían tomado Macedonia y Tesalia. En el llamado congreso de Corinto, Atenas, Esparta y otras 20 ciudades-estado griegas deciden ponerse en común para luchar contra los persas. Este pacto militar establece la primera línea de defensa en la Grecia central. Las tropas espartanas se sitúan en el paso de las Termópilas y la flota ateniense les ofrece cobertura marítima desde el cabo de Artemisio. El choque de ambos ejércitos se produce en el 480 a.E. con una tremenda derrota para los griegos. Los espartanos son aniquilados en la Termópilas, donde incluso su rey, Leónidas, muere en los combates. Al mismo tiempo, la flota ateniense es rechazada por los barcos persas y se ve obligada a retirarse.  Los griegos establecen una nueva línea defensiva en el istmo de Corinto, abandonando a la Grecia central a su suerte. Atenas se abandona y la ciudad es arrasada por los persas. Sea como fuere, cuando la victoria persa parecía avecinarse, Jerjes decide abandonar Grecia, dejando al mando de su ejército a Mardonio. En una zona de poca maniobrabilidad la flota ateniense logra asestar un duro golpe a las embarcaciones persas -Batalla de Salamina, 479-, obligando a estos a desembarcar. Tras tres semanas de luchas en Platea, la única forma que tuvieron los griegos de acabar con la batalla fue asesinando al general de los ejércitos persas, Mardonio, sabiendo que los ejércitos orientales suelen retirarse una vez ha caído su comandante. Los siguientes pasos ofensivos por parte de los griegos fueron dirigidos a recuperar Grecia central. Una vez llegan a Tebas, el ejército de Atenas, Egina, Megara y Esparta arrasa la ciudad por haber apoyado a los persas y aquí surge la primera división entre los aliados, pues algunos apostaban por continuar las conquistas sobre el Egeo, principalmente Atenas, y otros por una postura más defensiva, sobre todo Esparta. Finalmente, a cambio de que Esparta tenga el mando de las operaciones, se continuó con la liberación del resto de polis griegas del Egeo con una gran victoria en la Batalla de Micala en el 479.

Extensión del Imperio Persa (siglos V-IV a.E.)

La derrota persa fue clara y principalmente estuvo motivada por el estallido de nuevas revueltas en Babilonia, que obligaron a Jerjes a destinar tropas allí. También, a la falta de preparación sobre el terreno griego, un territorio de difícil acceso y que siempre da ventaja a los defensores. Y del mismo modo, por las propias diferencias conceptuales de los ejércitos griegos y el ejército persa, uno, homogéneo compuesto únicamente por ciudadanos y el otro compuesto por multitud de culturas, sin un objetivo común claro, siendo en su mayoría de carácter mercenario. Las consecuencias de la retirada no fueron muy importantes para Persia, puesto que las polis griegas no significaban mucho más que cualquier otro punto de su basto imperio que se extendía hasta el río Indo. Y si bien, el enfrentamiento significó una brecha en las relaciones Oriente y Occidente, fue más importante el carácter internacional que van a tener los conflictos bélicos a partir de ese momento. Para Atenas, la guerra supone el inicio de su imperio con la creación de la Liga de Delos, que nace como una alianza para defenderse mutuamente de los ataques persas, pero que se acabará convirtiendo en una herramienta de Atenas para dominar al resto del ámbito jonio. Y aquí, es donde Esparta y Atenas, por sus diferencias en cuanto a política exterior se refiere, comenzarán una escalada de tensión hasta el desencadenamiento de la famosa guerra del Peloponeso.

martes, 20 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: Atenas y la creación de un imperio

Para el estudio y aproximación a la historia de Atenas existen multitud de fuentes contemporáneas como Platón, Aristóteles, Demóstenes o Isócrates. De hecho, Atenas será para los griegos el modelo referencial, el modelo a seguir sobre todo por su desarrollo de la idea de imperio. El Ática es del mismo modo una región central en la vida de los griegos, una zona bastante extensa, fértil y con una línea costera muy interesante para el emplazamiento de puertos, de ahí su temprana vocación marítima y su preocupación por mantener la flota, tanto por el control militar como por el control del comercio. La división territorial es sencilla; Paralia (la línea costera), Asty (el territorio que ocupa la polis), Mesogeia (la zona de interior) y, finalmente, Diactia (los montes del norte que sirven de frontera con la siempre vecina y enemiga Beocia).

Mapa antiguo del Ática.

Todos los habitantes del Ática son considerados ciudadanos atenienses, pues a pesar de ser un territorio bastante grande solo se ha formado una polis. Hablaban un dialecto jonio, de ahí que el resto de griegos los consideraran como no dorios. Respecto a su fundación como polis, la mayoría de historiadores piensan que se trató de un sinecismo de carácter pacífico entre los distintos oikos que existían en la Ática. En este sentido, el registro arqueológico confirma que no hay una gran ruptura en la Edad Oscura y, seguramente, será en estos siglos cuando se vaya asentando el poder entre varias familias aristocráticas, los eupátridas. 

Y si bien la formación de la polis pareció ser relativamente pacífica no lo fue tanto su desarrollo como polis durante el arcaismo. De hecho, la stasis ateniense se caracterizó por ser extremadamente violenta y llama la atención, que a pesar de esto, Atenas no participara en el proceso de colonización. Las soluciones, en el caso ateniense, se presentaron en forma de tiranía, con un primer intento de implantación en el 640 antes de la Era. Después de más de cien años de luchas sangrientas entre las familias eupátridas atenienses, Cilón, un noble ateniense, intenta imponerse como tirano pero antes de lograrlo muere asesinado a manos de la familia de los Alcmeónidas, una de las familias más importantes de Atenas y que se declaraban como descendientes del mismísimo Agamenón. Las luchas parecían no tener fin y en esos momentos un arconte llamado Dracón propuso una serie de leyes para evitar más derramamientos de sangre. Las leyes draconianas consistían, fundamentalmente, en una codificación de algunos delitos como el asesinato, sobre todo para frenar el odio de sangre y el derecho de venganzas entre familias. De la severidad y dureza de las penas, que luego matizaría Solón, derivó el adjetivo draconiano.

Atenas y el Pireo en la época clásica (siglo V).

Pero los problemas de la stasis ateniense no solo venían de las élites y sus luchas por el poder, sino también desde abajo de la sociedad, desde el campesinado. Los hectemoroi fueron una serie de campesinos que debido a los bajos niveles de producción y a los altos impuestos que tenían que pagar llegaron a una situación de servidumbre. De hecho, el cultivo del trigo se había sustituido por la vid y el olivo, fundamentalmente porque eran mucho más rentables a la hora de comerciar. Por lo que la escasez de alimento de primera necesidad en Atenas va a ser, a partir de ese momento, una realidad que va a hacer que dependan continuamente del comercio con las regiones productoras de trigo del mar Negro. Las diferencias sociales eran enormes y la situación era cada vez más insostenible. Su solución llegaría en varias etapas y la primera intentona fue la reforma legislativa de Solón (594-593 a. E.). Figura mítica, además de legislador fue poeta, héroe de guerra, estadista y miembro de una de las familias aristócratas más importantes de Atenas, los Menóntidas. Fue elegido arconte e intentó reformar la legislación ateniense para contentar a todas las partes de la sociedad, afectando a multitud de aspectos como la reforma sisáctia o el cómo acabar con las deudas que hacían agonizar al campesinado, la implantación de la timocracia o la reorganización de los órganos de gobierno ateniense, así como otro tipo de cuestiones de índole económica, social e incluso religioso. 

El supuesto rostro de Solón.

Las medidas de Solón intentaron armonizar la sociedad y acabar con las altas cargas que llevaban al campesinado a la esclavitud, de tal modo la sociedad ateniense quedaba jerarquizada en función de las riquezas y que, no en vano, suponía la base para el funcionamiento del sistema timocrático. En la cúspide estaba los pentacosiomedimnos, que poseían una renta anual superior a los 500 medimnos (una unidad de medición para los productos secos). Tras ellos, los hippeis, llamados así porque se consideraba que con su renta anual de entre 300 y 500 medimnos podían permitirse la manutención de un caballo. Después, entre 200 y 300 medimnos estaban los zeugitai, suponían el común de la sociedad ateniense y eran capaces de pagarse el equipo hoplita al completo y la propiedad de algún animal de carga. Y finalmente, los thetes, generalmente trabajadores artesanos con una renta anual inferior a 200 medimnos. Al no poder pagarse el equipo hoplita generalmente servían en la defensa de la polis como remeros de la flota ateniense, de tal manera que seguían siendo ciudadanos de pleno derecho. Esta clasificación social, que a nuestros ojos contemporáneos puede parecer nos muy anticuada, fue en realidad totalmente revolucionaria, pues era una división que no atendía al criterio de la sangre ni del apellido como lo había hecho hasta entonces. 

La Acrópolis de Atenas (1864), por Leo von Klenze.

Además, las medidas intentaron abrir el cuerpo de la ciudadanía ateniense a la gran mayoría de los habitantes del Ática. De este modo, se intentaron reformar los principales órganos de gobierno en Atenas; el Arcontado, el consejo Aerópago y la Ekklesia. En primer lugar, Solón reformó el Arcontado, estableciendose su número en nueve miembros. El primero le daba el nombre al año, arconte epónimo, y se encargaba de la administración civil y la justicia. El segundo era el arconte basileo, que debía de supervisar la organización de los ritos religiosos. El tercero, el arconte polemarco, tenía como misión la dirección del ejército y el mantenimiento del orden público. El resto, los otros seis, era un colegio de magistrados llamados tesmótetas (thesmothétai), que contaban con una serie de atribuciones legislativas y judiciales. Todos estos cargos son de carácter anual, y en caso de evidentes negligencias podían responder ante sus actos. El Aerópago, un reducto aristocrático de época arcaica, tras la reforma de Solón sigue manteniendo sus grandes atribuciones, pero se amplia el acceso al mismo. La Ekklesía, compuesta en buena medida por thetes, irá ganando poco a poco relevancia con la posibilidad de discutir leyes, aunque no proponerlas. Sí que podrá hacerlo la Boulé, compuesto por medianos propietarios (zeugitai), ejercerá de contrapeso entre las capas altas y las capas bajas de la sociedad. Un órgano compuesto de 400 miembros, 100 de ellos elegidos por sorteo entre las 4 clases del Ática, siempre funcionó relativamente bien debido a su aporte de moderación.

Atenea contra Ares (1771), por Jacques-Louis David.

Estas reformas políticas fueron acompañadas de cientos de reformas de tipo judicial, principalmente mediante de la creación de la Heliea, una especie de tribunal superior de justicia que sirvió para matizar las duras penas de las leyes de Dracón. También reformas de carácter económico como el establecimiento de un nuevo sistema de pesos y medidas. Aunque hay que decir, desde un punto de vista práctico, que la reforma de Solón no se aplicó en un solo año. Fue más bien un proceso que se inicia con Solón, pero que tuvieron que continuar algunos de sus seguidores políticos para que llegaran a tener un verdadero calado. De hecho, en el 570 antes de la Era, 20 años después del mandato de Solón, las luchas entre la aristocracia continúan siendo muy sangrientas y ponen en verdadero peligro la estabilidad de Atenas. La ciudad está exhausta, las luchas entre los partidarios de Licurgo y los partidarios de Megacles llevan a la polis a una situación de emergencia. El cuerpo político y legislativo para el gobierno de la ciudad está preparado, pero sin una situación de calma para su implantación, será imposible su implantación. Es en esos momentos cuando una tercera facción se alza en la lucha, evitando una auténtica guerra civil. 

Pisístrato, de la familia de los Filáidas, fue un gran demagogo y héroe de guerra en la lucha contra Megara, y después de dos intentos fallidos, consiguió en el 545 antes de la Era establecerse como tirano de Atenas. Preservará su poder hasta su muerte en el año 527, cuando sus hijos Hiparco y Hippias le sucedan en el mismo hasta finales del siglo VI (510 a.E). Su caso, es el caso típico del tirano griego, un aristócrata contra otros aristócratas que gana gracias a que cuenta con el apoyo del demos, del pueblo. Una primera generación caracterizada por un buen gobierno, como lo fue el mandato de Pisístrato, pero que queda oscurecida por sus sucesores, en este caso Hiparco y Hippias, que ejercieron su poder de manera brutal. En este sentido, el mandato de Pisístrato es interesante porque durante el mismo se aplicaron las reformas de Solón hasta las últimas consecuencias, propiciando las transformaciones para que Atenas durante el siglo V se convirtiera en un verdadero imperio entre los griegos. Eliminada la stasis, comienza un periodo de paz y prosperidad donde la demos crece económicamente. Al mismo tiempo, hay un gran desarrollo de la cultura, la poesía, el teatro, se empieza con la acuñación de moneda, y sobre todo, se inicia la construcción de grandes infraestructuras (Partenón, templo de Atenea) y una potente flota que beneficiará al poderio comercial ateniense. 

Restos de ostracas.

Los gobiernos de Hiparco y Hippias devuelven la inestabilidad que Atenas ya había olvidado de la mano de su padre, Pisístrato. De este modo, vuelven los años de guerras civiles donde poderes exteriores como Esparta o Persia intentan sacar partido. Finalmente, es Clístenes quien accede al poder y logra restablecer el orden en la polis. Para ello, realizó una serie de reformas que pretendían acabar de manera definitiva con el poder aristocrático y sus luchas. En primer lugar se hizo una reforma territorial en regiones (Asty, Mesogeia y Paralia) y a su vez estas, eran divididas en 10 tritias, que hasta entonces habían funcionado como agrupaciones sanguíneas, pero que a partir de ese momento tendrán un sentido territorial, no sanguíneo. En segundo lugar, se cambia el modo de acceso a la Boulé, que desde ese momento será exclusivamente por sorteo, aumentando su numero de 400 a 500 miembros. Por otro lado, la Ekklesía adquiere importancia en detrimento del Aerópago, como viejo reducto del poder aristócrata. Y, por último lugar, cabría destacar de entre todas las medidas la instauración del ostracismo, que inicialmente funcionó como un medio para evitar abusos de poder, pero que se acabó convirtiendo en una herramienta para desterrar a los enemigos políticos. Para la aprobación del destierro era necesaria una votación que se realizaba con la inscripción del nombre del sujeto en un trozo de terracota denominado óstrakon, de ahí su nombre.

De esta manera, Atenas entró en el periodo clásico con un complejo sistema legislativo que pretendía resolver la gran cantidad de problemas internos que asolaban a la polis, siempre bajo la mirada recelosa de vecinos como Beocia, Corinto o Esparta. Del mismo modo, se asentaron las bases para el desarrollo de la denominada «democracia radical» de Pericles, en medio de un periodo de conflictos (siglo V a.E), con unas Guerras Médicas que ensalzaron a Atenas como la gran potencia griega y con una guerra del Peloponeso que acabará definitivamente con su apogeo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: Esparta, la excepción de los griegos

Esparta es seguramente el caso más insólito de todo el mundo griego, ya que nunca abandonó la monarquía como forma de gobierno de su polis. Desde su formación, la política exterior de Esparta fue extremadamente defensiva y agresiva, seguramente influenciada por el carácter violento de su sinecismo. En este sentido, los datos que nos han llegado desde la propia Esparta son muy escasos, pues tenían prohibida la escritura, por lo tanto la mayoría de las fuentes que conocemos son del exterior y, sobre todo, a partir de la Guerra del Peloponeso. Personajes como Tirteo, Arman, Tucídides, Jenofonte, Platón, Aristóteles, Plutarco, Pausanias y Estrabón, escribieron acerca de Esparta y la mayoría para admirar la intromisión del Estado en la vida de sus ciudadanos, la negación de la individualidad en favor de la colectividad. 


Mapa antiguo del Peloponeso.

La zona lacedemónica es bastante fértil, al norte esta cerrada por las montañas de Arcadia y al sur por una zona marítima sin puertos de interés. Tras el hundimiento de la civilización micénica, hay una despoblación importante que se va recuperando poco a poco durante la Época Oscura. De hecho, los espartanos se consideraban puramente dorios. En el siglo IX antes de la Era hay cinco grandes oikos que tras un sinecismo muy violento forja la polis de Esparta. Una ciudad austera, sin murallas ni construcciones monumentales. Según Heródoto, todas las leyes y la constitución espartana se le atribuyen a Licurgo siendo uno de los aspectos más significativos de la organización política de Esparta su monarquía, que ya de por sí una excepción fue además una diarquía, esto es, con dos reyes ejerciendo el cargo. Según el mito, estas dos familias eran descendientes del mismísimo Herácles, los Agíadas y los Europóntidas. No se podían casar entre ellos y tienen unas difusas competencias judiciales y religiosas. Sí está claro que eran generales del ejército, un puesto muy importante dentro de una sociedad tan militarizada como la espartana. Para compensar su poder existía el Éforo, formada por cinco miembros con grandes atribuciones políticas, entre ellas las de llevar a cabo las propuestas que se hacían desde la Gerusía. Así, justo por debajo del escalafón político estaba la Gerusía, una especie de consejo formada por 28 miembros mayores de 60 años, proponían los temas que después se discutían en la Apella, la asamblea compuesta por los ciudadanos (homoioi) mayores de 30 años. Sea como fuere, a pesar de que el sistema tuvo una enorme estabilidad, aparecieron los mismos problemas que en el resto de polis griegas (stasis), solo que en Esparta tuvieron una solución distinta.


Esparta en el año 432 antes de la Era.

A finales del siglo VIII antes de la Era, Esparta había superado un violento sinecismo pero no se salvó de los mismos problemas que sufrían el resto de polis del mundo griego, aunque en Esparta la solución fue muy distinta. La stasis espartana se presentó como una oportunidad para expandir sus fronteras esclavizando a los habitantes de la vecina Mesenia, de este modo no necesitaron entrar en el proceso de colonización, salvo la historia legendaria en torno a Tarento. La esclavización de los ilotas, los habitantes de Mesenia, permitieron a Esparta centrarse en su vida política y no tener que preocuparse por las cuestiones relacionadas de la tierra. Desde el siglo VIII hasta finales del siglo IV antes de la Era, generación tras generación, los ilotas serán en la práctica esclavos de Esparta. En este sentido, por su conciencia de grupo y por tratarse de grupos autóctonos, los ilotas serán considerados muy peligrosos por parte de Esparta, por lo que se programó una represión controlada y duradera a lo largo de los siglos. De hecho, cada año Esparta declaraba formalmente la guerra a los mesenios, para mermar su moral, con el derecho de los espartanos de matar a varios ilotas. A pesar de su penosa situación, tenían eso sí, ciertos derechos como el matrimonio, posibilidad de tener hijos y no se podían comprar ni vender, pues estaban adscritos a la tierra y eran repartidos anualmente sobre los ciudadanos (homoioi). 

Leónidas en las Termópilas (1814), por Jacques-Louis David.

La clase dominante era los homoioi, los ciudadanos de pleno derecho que nunca serían más de 3000 miembros. Un grupo homogéneo y fuertemente unido por la existencia permanente de un enemigo común, los ilotas. Además, como hemos dicho, no se tenían que dedicar al trabajo de la tierra, ya que tenían un lote de tierra e ilotas para su trabajo a su disposición. El sentimiento de grupo se forjaba principalmente mediante dos formas. Por un lado, la educación espartana, llamada agogé y que consistía en una preparación desde el momento del nacimiento. Al nacer, se realizaba una selección natural por parte de los miembros de la Gerusía, que revisaban a los recién nacidos y seleccionaban a los más fuertes. Aquellos enfermos o que podían mostrar cualquier signo de flaqueza, eran despeñados por un barranco. Cuando tenían siete años se les apartaba definitivamente de sus familias y eran asignados a una agrupación (agelé), donde se les enseñaba a leer, a hablar en público y a aprender a combatir. A los 18 años tienen que realizar la prueba de la crypteia, la declaración de guerra anual a los mesenios, donde tienen que matar al menos a un ilota. De este modo, a los 20 años ya están preparados para el combate y podrán hacerlo desde los 30 hasta los 60, si su cuerpo se lo permite. En cuanto a la educación de las mujeres hay que decir que, a pesar del rígido control del Estado, tuvieron una gran libertad a la hora de educarse si lo comparamos con el resto de los griegos, pudiendo acceder a cierta formación como los ejercicios gimnásticos. Existía además, una clase denominada periécos que formalmente no eran ciudadanos ya que se dedicaban a las tareas que los homoioi, en su condición de plenos ciudadanos, no podían realizar como por ejemplo el comercio.

Esparta, como excepcionalidad en el mundo griego, mantuvo un sistema político relativamente estable a lo largo de los siglos gracias al aislacionismo y a la búsqueda continua de un enemigo común, los ilotas. Un régimen militar siempre necesitado de enemigos, cruel y represivo, que fue respetado por otras polis del Peloponeso y del resto de Grecia, simplemente por la posibilidad de contar con el apoyo de su potente ejercito de tierra. Solo la decadencia de la propia Esparta y la llegada al poder de Filipo de Macedonia, y luego su hijo Alejandro Magno, supondrá el final de su régimen político ya a finales del siglo IV antes de la Era. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Apuntes de historia: Los griegos en la Edad Oscura y el Arcaísmo

La Edad Oscura es seguramente el periodo más desconocido de la historia de los griegos -de ahí su denominación- aunque paradójicamente sea un momento primordial para la configuración de la civilización griega. Sobre el año 2000 antes de la Era llegan pueblos indoeuropeos a la región que hoy conocemos como Grecia. En ese periodo, con foco principal en la isla de Creta, se desarrolla una cultura de gran importancia conocida como civilización minoica. De los yacimientos arqueológicos que se han descubierto se deduce que fue una cultura de élites, volcada a la construcción de palacios monumentales y con grandes influencias del Próximo Oriente y Egipto. Pero esta cultura desaparece, probablemente barrida por otra nueva oleada de pueblos indoeuropeos como los jonios o los aqueos, y tras ello nos encontramos con un gran vacío entre el 1600 y el 1300 antes de la Era. A partir del 1300 se desarrolla otra nueva civilización, la cultura micénica, con focos en el Peloponeso y Creta. Una sociedad burocrática y extremadamente jerarquizada como indican sus enterramientos en tolos (cámaras funerarias). Con un monarca a la cabeza, el rey (Wanax, Wanaka), tras él la aristocracia, los lawagatai y los hequetai, después los ciudadanos propietarios (telestai) y finalmente los esclavos (doeros). De este modo, la base del poder será el palacio que se convertirá en el eje de la sociedad micénica como lugares extremadamente fortificados. Practicaron la escritura -lineal B- y una importante actividad comercial de cerámica.  Pero esta sociedad, al igual que la minoica, acabó sucumbiendo con el gran colapso del año 1200 antes de la Era. Se hablan de múltiples causas; invasiones exteriores (dorios), sucesión de desastres naturales, crisis económica o luchas de poder entre las élites.


Tras la crisis, que afectó tanto al ámbito griego como al mundo oriental, los griegos quedan aislados. Años de aislacionismo donde se forjan la sociedad, la ideología y la religión que ya veremos plenamente configurada en el año 776 antes de la Era -fecha en la que se celebran los primeros Juegos en Olimpia-. En estos años hay una progresiva reactivación de las relaciones comerciales con el exterior, además de iniciarse el crucial proceso de colonización-. Y también, al final de la Edad Oscura, nos encontramos con dos fuentes fundamentales para entender la civilización griega; Homero y Hesíodo. Respecto al primero, hay que decir que es harto conocido a pesar de que no sabemos realmente quién fue, o en todo caso si fue un solo autor, o fueron varias personas, o simplemente el final de una larga tradición oral que en un determinado momento se plasmó por escrito. Sus obras, la Ilíada y la Odisea, son verdaderas enciclopedias del mundo griego, siempre mirando hacia el pasado, con un lenguaje poético y artificial destinado a un público acostumbrado a escuchar historias. Son excelentes fuentes históricas siempre y cuando se analicen desde un punto de vista crítico, ya que hay que tener en cuenta la mezcla entre imaginación y tradición que hay en estos textos. La Ilíada nos relata una parte de la guerra de Troya, un acontecimiento que guarda los ecos de los conflictos de la Edad Oscura y que probablemente nos cuente los sangrientos conflictos que dieron origen a las polis. Por otro lado, la Odisea nos cuenta la huida de Troya por parte de Odiseo -Ulises- y su duro viaje de regreso a Ítaca, su patria. Y si bien la figura de Homero es desconocida, Hesíodo sí que dejo pruebas más claras de su existencia. Hijo de un marinero, su vida estuvo dedicada a la poesía y sus obras como Los trabajos y los días o Teogonía son una excelente fuente para entender la configuración del pensamiento y la sociedad griegos; la religión griega, las microsociedades de los oikos -haciendas o propiedades que al juntarse formaron las polis-, la moral de los griegos o el influjo e influencia desde el Próximo Oriente.


El final de la Edad Oscura dio paso a uno de los momentos de mayor actividad en la historia de los griegos. A partir del siglo VIII antes de la Era las fuentes históricas se disparan, conocemos el intenso proceso de formación de las polis y sus problemas, la colonización arcaica y también las principales fuentes del cambio en la historia de Occidente. El primer gran descubrimiento de los griegos fue el Trirreme, un barco basado en los birremes fenicios pero que como su propio nombre indica contaba con una fila más de remos. Era barcos poderosos y veloces, utilizados para la guerra y el comercio, ayudaron a mejorar las comunicaciones entre los griegos y posibilitaron su expansión por el resto del Mediterráneo. La segunda clave para el desarrollo de la civilización griega también esta relacionada con el transporte, aunque en este caso por tierra. Hablamos del caballo de monta, proveniente de los pueblos orientales, será una rápida manera de desplazarse en la Hélade, además de ser usada como arma de guerra. Su gran problema era el mantenimiento, el caballo es un animal con unos cuidados muy costosos y solo las clases más altas podían permitirse tener en su propiedad uno. 

En tercer lugar, un gran avance en la sociedad griega es la acuñación de moneda. Un proceso que no fue de la noche a la mañana, de las primeras pastillas de electrón -una mezcla de oro y plata- se irá evolucionando a la acuñación de monedas con una serie de pesos y medidas avalados por el emisor, generalmente las polis. La emisión de monedas por parte de las polis era un síntoma de poder, pero además significaba una verdadera revolución para el comercio y los intercambios. El cuarto foco de cambio es la adopción del alfabeto, en este caso el alfabeto jonio, bastante sencillo ya que contaba con 24 signos, fue de gran utilidad para comenzar a educar a personas letradas o comenzar a establecer leyes públicas por escrito, algo que como ya hemos visto en el Próximo Oriente es de gran importancia. En quinto y último lugar tenemos el hierro. De manejo sencillo y con grandes yacimientos en Grecia, hará que muchos ciudadanos se puedan permitir la compra de su armamento. No nos podemos olvidar de la importancia que tiene para los ciudadanos de las polis la defensa de su comunidad, lo que conocemos como ejércitos hoplíticos. 


Y hablando de ciudadanos, seguramente el aspecto más importante de la sociedad griega, más allá de los cambios que hemos mentado, es la creación de las polis. Una forma de organización en pequeñas comunidades que ya se viene configurando en la Edad Oscura, pero que es en el arcaísmo cuando realmente acaba por definir el espíritu griego. De hecho, salvo excepciones como Esparta o Argos, la polis abandona la monarquía y nace como una oligarquía de aristócratas. Sus orígenes son inciertos y confusos, existen fuentes muy dispares sobre todo porque se han contabilizado al menos 1000 polis históricas a lo largo de todo el mundo griego. Aun así, podemos hablar en rasgos generales que las polis son ciudades pequeñas, con un fuerte sentimiento de identidad debido a la estrecha vecindad. Estaban divididas en el asty, la ciudad, el centro urbano, y la khôra (jora), el territorio colindante. Toda la vida política y el centro social de la polis era el ágora. Hay cientos de modelos, cientos de formas de organización de la polis pero tradicionalmente se han dividido en polis oligárquicas y polis democráticas, la diferencia entre ellas está fundamentalmente en el número de ciudadanos que podían participar en la vida política. Como decimos, se desconoce mucho del proceso de formación de las polis, pero seguramente no fuera simultaneo. La mayoría de las polis se formaron por un proceso de sinecismo que consistía fundamentalmente en la unión de forma pacífica o violenta de varios oikos (haciendas o grandes propiedades). De ahí la importancia que en las polis tendrá el Genòs, el apellido, la familia. Los miembros de la aristocracia serán conocidos como los eupátridas (los bien nacidos) y en los inicios de las polis decidirán su destino por medio de las luchas de poder. Unos enfrentamientos, unas luchas que en muchos casos se alargaron durante siglos y han llegado a formar un rasgo característico y propio de las polis. De hecho, estas luchas internas en las polis, que muchas veces llegaban a afectar no solo a la aristocracia sino al conjunto de la población, tienen una denominación propia en griego, la stasis


Sea como fuere, la teoría nos dice que la organización de la polis se basa en el sometimiento de todos los hombres, incluso a los más poderosos, al régimen político y legislativo de la ciudad-estado. Un ejemplo de esto sería la reforma hoplítica. Todo ciudadano, podía serlo si podía también defender su comunidad, defender su ciudad. Tanto es así, que la polis cambió la forma de luchar, toda la sociedad está inmersa, todos los ciudadanos son soldados y de ahí su gran cohesión en el combate. Por eso el hoplita es poderoso en grupo (Falange) que normalmente forma en filas de 8. Su equipo fundamental es el casco, la coraza, el escudo (hoplon), las grebas, la lanza y la espada. El aspecto negativo de esto era que la polis nunca se hacía cargo del equipamiento, es decir, son los ciudadanos los que se lo pagan. Por lo que si un ciudadano no podía permitirse la compra del material, difícilmente iba a conseguir los plenos derechos de ciudadanía, estando apartado de la vida pública.

En este sentido, a pesar de esa idea de unidad que había en casi todas las polis griegas, existían no pocos problemas para lograr una estabilidad política en las mismas. La stasis, las luchas internas entre familias aristócratas afectaban a toda la población, pero también, conforme las polis iban creciendo aparecían nuevos problemas como la escasez de tierras de cultivo o las grandes diferencias sociales. Para ello, se produjeron dos grandes fenómenos que pretendían ser soluciones para acabar con esa crisis. En primer lugar la colonización. Un traslado masivo de población que para los griegos fue una verdadera cuestión estatal. Las polis (metrópolis) utilizaban un volumen colosal de recursos para crear nuevos establecimientos que aliviaran la presión demográfica de estas ciudades-estado. Una vez fundada la nueva polis solían romper el vinculo con la metrópolis y en la mayoría de los casos se generaban los mismos problemas obligando a una nueva colonización generando una especie de círculo vicioso que acabó con la difusión del concepto polis a lo largo de todo el Mediterráneo. Cronológicamente podemos distinguir dos grandes fases; una primera etapa desde finales del siglo VIII hasta la fecha orientativa del 650 antes de la Era, donde proliferaron las colonias de carácter agrario (Apoikias) con una gran difusión en la Magna Grecia y Sicilia. Una segunda fase desde el 650 hasta finales del siglo VI, donde priman la fundación de los Emporia, colonias dedicadas al comercio con los habitantes autóctonos. Las grandes potencias coloniales fueron Megara, Corinto, Mileto o Focea y, elegian la ubicación de las colonias en función de las sugerencias del oráculo de Delfos. Tras ello, mandaban una primera expedición militar para asegurar el lugar y después se enviaban los materiales para realizar el primer asentamiento. El colonialismo griego fue, sin duda alguna, de enorme repercusión a la hora de la propagación de sus ideas a lo largo de todo el Mediterráneo.


Otro de los mecanismos que se presentaron como solución a los problemas de la stasis fue la tiranía. Una palabra que en la actualidad tiene un sentido de uso despótico del poder, pero que en su tiempo se distinguía entre tirano bueno y tirano malo. Fue además la llave o el nexo entre el arcaísmo y el clasicismo griego, de la polis aristocrática a la polis oligárquica y democrática. La mayoría de las tiranías y de los tiranos tienen unas características similares, suelen provenir de familias eupátridas, aristocráticas y acceden al poder por las propias fricciones entre las familias más poderosas de la polis. Se suelen apoyar para mantener el poder en el demos, el pueblo o el resto de ciudadanos, a cambio del reparto de las tierras expropiadas al resto de familias aristocráticas. Normalmente, la segunda generación de tiranos solía distanciarse del demos, al no tener el mismo enemigo común, y convertían la política en un ejercicio déspota de su poder. Los tiranos serán grandes legisladores, ya que estarán preocupados por asentar su forma de entender la organización de la polis. Durante las tiranías se generaliza el sistema esclavista o el uso de la moneda, cuestiones que favorecieron al demos hoplita que se podían centrar en ejercer de ciudadanos sin trabajar o para el comercio. Este sentido de autoregulación será fundamental para entender como van a funcionar las polis a lo largo de la época clásica.