viernes, 30 de enero de 2015

Algo va mal: Wert y la «deseducación»

Es un hecho, podríamos decir incluso que empíricamente comprobado, que la educación en España nunca ha sido una materia de interés para ningún gobierno en toda nuestra historia contemporánea. Salvo con una excepción. Esa excepción fue la Segunda República. Si, esa gran olvidada por nuestra democracia actual que en busca de referentes democráticos siempre se olvida del único régimen de nuestra historia que llegó como resultado de unas elecciones, y no de un golpe de Estado, ni tampoco de un acuerdo entre las élites. Y si bien la Segunda República no fue perfecta, sus representantes si tenían claro una cosa; la importancia de la educación. El 14 de abril de 1931, la República encontró una España prácticamente analfabeta, pero con un pueblo con muchísimas ganas de aprender. Ilustres escritores, poetas, filósofos, se pusieron a trabajar en torno a ello -Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Eduardo Ugarte, Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno, Miguel Hernández o Federico García Lorca entre otros-.

Periódico La Voz 14 de Abril de 1931.

Antes incluso de aprobarse la Constitución, el Consejo de Instrucción Pública tenía la idea de crear una escuela pública, obligatoria, laica y mixta. Eso se tradujo en la planificación para la progresiva construcción de 27.000 escuelas en toda España, con unos maestros mejor preparados y formados. Evidentemente, todos estos planes chocaron con los intereses de las clases altas, conservadoras y católicas que veían en peligro sus privilegiados derechos. Con las elecciones de 1933 y la victoria de la CEDA de Gil Robles, se ocuparon poco a poco de demoler los pocos ladrillos que la ilusión de la Segunda República había conseguido construir.

Proclamación de la II República en Madrid el 14 de abril de 1931.

Hoy, con cuarenta años de democracia a nuestras espaldas, podemos decir que la situación ha mejorado ¡No íbamos a seguir con los niveles educativos de hace ochenta años! Pero el giro de la últimas políticas educativas, es una tendencia peligrosa. Más allá de que ninguna generación de españoles desde la Transición se haya educado con la misma ley educativa, cosa que evidencia una gran falta de ética y acuerdo de nuestra querida clase política. Es también un problema de los intelectuales y profesionales que se han olvidado su deber con la sociedad. Esta «alta cultura» solo ha estado comprometida con su estatus y su ego, con sus luchas internas y sus discusiones banales a cerca de la excelencia universitaria. Hay algunas excepciones, pero muchos parecen no entender, que lo que se cocina en las enseñanzas medias luego se sirve en la Universidad. Historia, Filosofía, Filología, son disciplinas que no han sabido marcar su territorio, que no han sabido comprender que su final, aunque a algunos les importe bien poco, esta cerca. 

Los mensajes nos bombardean; el futuro de la educación son las materias técnicas, menos filósofos, más ingenieros y emprendedores, lo importante para saber comunicarse es aprender inglés, olvidemos el pasado ya que solo sirve para crear tensión, leer es solo un buen entretenimiento... Y no sigo. Por suerte aquí, si de algo somos defensores es de la utilidad de lo inútil. Lo mismo pueden ser tan necesarias las historias bellas y las buenas investigaciones, como lo son los partidos de fútbol, el mundo financiero, las casas, el mass media o los coches. Antes la educación de niños y adolescentes era cuestión de filósofos, filólogos e historiadores. Hoy, estos se han olvidado de aquellos y la última de sus consecuencias  es Jose Ignacio Wert y su tres más dos que nunca será igual a cinco ¡Arriba la «deseducación»!

martes, 27 de enero de 2015

Algo va mal: tercera parte

Elecciones en Grecia y victoria de Syriza. Syriza, un partido nuevo que abre la puerta de la esperanza para mucha gente, y para otra la puerta de los miedos. Alexīs Tsipras, su secretario general, ahora ya Primer ministro griego, es la cara de las promesas desde el sur de Europa en torno al final de la austeridad, al final de la política de recortes, al final de la política tradicional. En España, en Italia, en Irlanda, en todos los márgenes de Europa, esa noticia ha sido bien acogida por aquellas personas asqueadas de la situación actual. Pero ante ello, surgen dos problemas. Uno, que las altas expectativas puestas en Syriza para solucionar el problema de su crisis, que no es ninguna tontería, no se vean colmadas por la actuación de Syriza en el gobierno -veremos los próximos meses-. Dos, que esas expectativas, también existentes en Europa, se vean afectadas por lo mismo que estamos contando. Además, sigo convencido de que un verdadero cambio, digamos un cambio sustancial, pueda llegar desde las mismas vías establecidas por un régimen, pero como en casi todo, el tiempo dirá. A pesar de ello, la victoria de Syriza, es la victoria de la esperanza, y esperemos que esa esperanza, valga la redundancia, se traslade a todo el continente, sobre todo a estos marginados vértices de la Europa civilizada. 

Fuente: http://www.eunews.it/

Por cierto, hoy, 27 de enero, se cumple el septuagésimo aniversario de la liberación por las tropas soviéticas del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. El Holocausto, Belzec, Sobibor, Treblinka, Madjanek o Auschwitz-Birkenau, antes de que los nazis establecieran su régimen de terror ya habían existido masacres y crímenes de guerra contra la población civil, pero esto, fue un punto de inflexión, en el exterminio sistemático de millones de personas, judíos, prisioneros políticos y otro tipo de minoría étnicas. En Auschwitz-Birkenau los judíos llegaban a los campos en trenes y tan pronto bajan, como si de ganado se tratase, eran seleccionados en dos grupos: aquellos útiles para el trabajo y aquellos que no lo eran. El destino de los que no lo eran ya estaba escrito, eran enviados a cámaras de gas con una capacidad de dos mil personas. El proceso de gaseado podía durar unos quince minutos tras lo cual, los cadáveres se llevaban al crematorio donde se transformaban en cenizas. Entre abril de 1940 y noviembre de 1944 murieron allí más de un millón de prisioneros, imagínense el promedio de muertes por semana. El 27 de enero de 1945 las tropas de ejército soviético liberaron el campo con los pocos supervivientes de aquel infierno. De todo ello, nos quedan los terribles pero necesarios relatos de ellos, los supervivientes (1). El tema de la memoria y su discurso, es ya otra cosa que da para mucho.

Fuente: http://www.histoiresdetongs.com/

El proceso por el cual se llego a estos límites ha sido estudiado por muchos historiadores. La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias siempre se posicionan en el inicio de ese viaje que emprendía a Europa a la destrucción (2). Una época de cambios, una época de esperanzas y miedos -como hoy-, una época que solo hace noventa, ochenta, setenta años de su desaparición. Evidentemente, hoy Europa ha cambiado, es distinta, pero acaso podemos asegurar que sucesos como los de Auschwitz-Birkenau no volverán a suceder. Desde aquí no somos capaces, creo que nadie lo es y menos en este mundo de mierda donde solo importa el dinero. Solo nos queda pensar que una buena educación en valores, en pensamiento crítico basado en el conocimiento de nuestra cultura, de nuestra literatura y de nuestra historia puede prevenirnos de todo ello. Las Humanidades todavía tienen utilidad.

(1) Levi, Primo, Trilogía de Auschwitz (Si esto es un hombre, La tregua, y Los hundidos y los salvados). El Aleph Editores, 2005. Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, Harder, 2011. Szmaglewska, Seweryna. Una mujer en Birkenau, Barcelona, Alba Editorial, 2006. Lengyel, Olga. Los hornos de Hitler, México, Diana, 2005. Hazan, Martín. Un día más de vida: Rodas-Auschwitz-Buenos Aires: La odisea de David Galante, Buenos Aires, Lumiere, 2007. Millu, Liana, y  Celia Filipetto. El humo de Birkenau, Barcelona, Acantilado, 2005.

(2) Entre otros, una breve selección: Preston, Paul. «La guerra civil europea: 1914-1945», en M. Cruz Romeo e Ismael Saz, eds., El siglo XX. Historiografía e Historia (Actas del V Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea), Universitat de Valencia. Valencia, 2002. Traverso, Enzo. A sangre y fuego: De la guerra civil europea (1914-1945). Publicacions de la universitat de València, 2009. Julián Casanova Ruiz, Europa contra Europa, 1914-1945, Crítica, 2011.

lunes, 26 de enero de 2015

Historia y videojuegos: La saga de Wolfenstein (Parte II)

Casi diez años después de Wolfenstein 3D, llegaba al mercado Return to Castle Wolfenstein (id Software, 2001). Esta tercera secuela del videojuego original dio un salto cualitativo en cuanto a los gráficos -usando el mismo motor que Quake III Arena- y además contaba con la inclusión de un modo multijugador que más tarde se desarrollaría con su expansión Wolfenstein: Enemy Territory. Pero no solo eso, el argumento lo protagonizaba el soldado americano William J. Blazkowicz nuevamente prisionero en el castillo bávaro de Wolfenstein. Lo novedoso del hilo argumental es que incluye a personajes históricos como Heinrich Himmler, Comandante en Jefe de las SS desde 1929 a 1945 y uno de los principales responsables de las políticas de represión y del Holocausto del Tercer Reich (1). En el juego, Himmler supervisa una de las ramas de las SS encargadas de «cuestiones paranormales», en este caso en la resurrección del rey sajón Enrique I (876–936) (2). Un hecho, evidentemente inventado, pero que parte del interés real que el propio Himmler tenía en aspectos místicos y esotéricos, como por ejemplo su visita a España a propósito de la búsqueda del Santo Grial, en esa obsesión de conectar el Tercer Reich con la historia más temprana posible. En este sentido, la narración del videojuego nos cuenta, entre la historia y la ficción, las crueles y despiadadas acciones que llevaban a cabo los nazis en torno a la idea de la raza aria, los programas de eugenesia, el Lebensborn, la política racial, que desencadenan, ya en el videojuego, la creación de los Über-Soldaten bajo la supervisión de Wilhelm «Totenkopf» Strasse, un personaje ficticio pero que viene a personificar la investigación nazi sobre seres humanos. 


Captura de Return to Castle Wolfensteinid Software, 2001.

Vemos que conforme ha pasado el tiempo, la saga ha ido haciendo más compleja su narración y mostrando cada vez más aspectos más crudos de la realidad nazi, siempre con la ayuda de la ficción y la historia contrafactual. Con la salida de Wolfenstein (Raven Software, Id Software, 2009) las magias ocultas ocuparán un puesto privilegiado en esto. Pero realmente, el verdadero hito en la saga como elemento contrafáctico es el último de sus videojuegos, Wolfenstein: The New Order (Machinegames, 2014) que nos lleva 1946, si 1946, la guerra todavía sigue y William J. Blazkowicz se dirige a atacar Alemania en un bombardero americano. 

Berlín en 1960, según Wolfenstein: The New Order, Machinegames, 2014.

La guerra sigue porque las investigaciones alemanas que vimos en Return to Castle Wolfenstein, pese a los intentos de nuestro protagonista, se siguieron desarrollando. Cazas supersónicos, über-soldaten, robots, armas automáticas, la Wehrmacht supera con creces a la tecnología de guerra aliada. La derrota es segura. Nuestro protagonista, durante el intento de toma de la fortaleza de Wilhelm «Totenkopf» Strasse, cae en coma profundo. A partir de aquí, el hilo narrativo nos lleva hasta 1960, un mundo donde los nazis han ganado la guerra. Catorce años en coma en un hospital nos llevan a ver el día a día en un hospital de estas características, con el paso continuo de escuadrones nazis para llevarse a enfermos de todo tipo. Blazkowicz despierta y comienza la evasión, se pone en contacto con los pocos líderes de la Resistencia que quedan vivos. Sus viajes a través del Tercer Reich, su paso por los campos de concentración, por las prisiones, por Londres, o incluso en la Luna, nos muestran cómo hubiera sido el mundo en el caso de una victoria nazi. La arquitectura del terror, la política racial hasta los extremos más insospechados, el yugo nazi sobre todo Occidente. A lo largo de las misiones iremos viendo pequeños recortes de periódicos, noticias de radio, referentes a los distintos acontecimientos que marcaron la victoria nazi sobre las fuerzas aliadas. El juego se aventura incluso con muestras de la posible cultura popular que habría existido, con una especie de versión nazi de The Beatles. Gracias al apartado gráfico, cuesta poco imaginar todo esto, de hecho, el juego es un auténtico guiño a los clásicos shooter, con un nivel de interacción con el medio bastante alto (3).


Captura de Wolfenstein: The New Order, Machinegames, 2014.

(1) Más sobre la biografía de Himmler en: Longerich, Peter, Heinrich Himmler. Barcelona, RBA libros, 2009.
(2) Sobre la vinculación entre la figura de Enrique I y Himmler en: Frischauer, Willi, Himmler, the Evil Genius of the Third Reich, London, Odhams, 1953, pp. 85-88.
(3) Un reciente e interesante análisis de Wolfenstein: The New Order desde el punto de vista narrativo en: Rodríguez Serrano, Aarón, «Cuando los videojuegos escribieron el Holocausto: Análisis de Wolfenstein: The New Order (Machinegames, 2014)», Historia y Comunicación Social, Vol. 14. pp. 193-207, 2014.

viernes, 23 de enero de 2015

Historia y videojuegos: La saga de Wolfenstein (Parte I)

Hace unos meses hicimos un pequeño comentario en el blog acerca de un videojuego con un perfil totalmente volcado a la didáctica de la Historia -en concreto de la Primera Guerra Mundial, aprovechando la oleada mediática que le ha proporcionado su centenario- como era Valiant Hearts: The Great War (Ubisoft Montpellier, 2014). El hecho es que recientemente he tenido la fortuna de poder asistir a un coloquio del Doctor en Filosofía y Letras Julián Pelegrín Campo sobre la aplicación de la historia contrafáctica o contrafactual en la didáctica de la Historia (dentro de un marco de enseñanzas secundarias). Esa charla, muy brillante y que tiene su correspondiente artículo científico para consultar (1), me abrió los ojos en torno a la posibilidad que tiene la historia contrafactual no solo para enseñar historia si no también para lo que generalmente se ha usado, crear relatos de historia alternativa. 


Richard J. Evans, Altered Pasts, Counterfactuals in History, 2013.

En este sentido, considero una verdadera lástima que en el panorama historiográfico español no se le haya prestado mayor atención a un modo muy interesante de interactuar con la Historia, que si bien no es científica -en eso comparto la opinión de algunos de sus críticos-, tampoco podemos olvidar que existe y ha existido. De hecho, los primeros planteamientos desde un punto de vista contrafactual los tenemos desde que existe la propia Historia, Heródoto (siglo V a.E.) y Tucídides (siglo V-IV a.E.) ya elaboraron reflexiones contrafácticas en sus narraciones (Julián Pelegrín 2010, pp. 5-6). Pero no solo eso, la historia contrafáctica tendrá un brillante recorrido hasta el siglo XIX, cuando el ascenso de la historiografía profesional la aparte de su lado al no considerarla empíricamente demostrable. Desde ese momento, el desequilibrio entre las creaciones históricas y literarias será un hecho hasta prácticamente nuestros días (Julián Pelegrín 2010, pp. 6-16).

Hoy, gracias a brillantes aportaciones como Julián Pelegrín y multitud de profesionales de la historia internacionales, la historia contrafáctica se vuelve a considerar una herramienta útil para la comprensión de la propia ciencia histórica. Por todo esto, he querido recuperar el comentario de videojuegos. Porque creo que en los últimos años, más allá de la literatura y el cine, ha sido el mundo de los videojuegos el sector que más ha sabido explotar los temas relacionados con la historia y por lo tanto también con la historia contrafactual. En este sentido, no hay nada más apropiado que hablar de una de las franquicias clave de este género, la saga de Wolfenstein.


Captura de Castle WolfensteinMuse Software, 1981.

La saga la inició Castle Wolfenstein (Muse Software, 1981). Ideado por Silas Warner para Apple II, más tarde sería exportado a otras plataformas. El juego era un shooter 2D en tercera persona y nos ponía en la piel de un prisionero de guerra aliado durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo era salir con vida de una fortaleza nazi, con varios niveles de dificultad y distintos tipos de enemigos, desde soldados rasos de la Wehrmacht hasta tropas de asalto de las SS. Por ello, es considerado como uno de los precursores de los juegos de sigilo (stealth game) que más tarde explotarían otras sagas como Metal Gear. En este sentido y a pesar de las limitaciones técnicas de la época, el juego tuvo una acogida considerable, lo que le sirvió para aprovechar su tirón y lanzar una secuela, Beyond Castle Wolfenstein (Muse Software, 1984). Un juego muy similar en cuanto a jugabilidad y apariencia pero con una novedad argumental muy importante, la misión consistía en matar a Adolf Hitler con una bomba -inspirados, por lo tanto en el intento de asesinato por parte Claus von Stauffenberg en el complot del 20 de julio de 1944-.


Captura de Wolfenstein 3Did Software, 1992.

Pero, no fue hasta la llegada de Wolfenstein 3D (id Software, 1992) cuando esta saga de videojuegos se convirtió en pura leyenda del gaming. Llamado el «padre de los shooters 3D», fue un antes y un después del género de acción en primera persona. Por primera vez, el jugador encarna al espía estadounidense William J. Blazkowicz, que se encuentra en una fortaleza nazi de la que tenemos que escapar. El argumento es muy similar al juego que inició la saga, pero gracias a los adelantos gráficos y técnicos, por primera vez podíamos ver, aunque muy difuminadas en la trama, parte de las atrocidades que se cometían en las prisiones y en los campos de concentración nazis. Además, progresivamente se van añadiendo las primeras notas de ficción histórica, ya que entre soldados y miembros de las SS nos tendremos que enfrentar al mismísimo Adolf Hitler equipado con un traje robótico y cuatro ametralladoras. Y aunque parezca sorprendente, en las siguientes entregas esta fusión entre historia y fantasía iba a llegar mucho más lejos, con episodios muy interesantes de historia contrafactual que en la segunda parte de esta entrada comentaremos. 

(1) Julián Pelegrín, «La historia alternativa como herramienta didáctica: una revisión historiográfica», Proyecto CLIO, 36, 2010.

domingo, 18 de enero de 2015

Algo va mal: segunda parte

Estamos en 2015. Estamos en un año clave, políticamente hablando, para España. Estamos en un año donde vamos a tener elecciones municipales, elecciones al Parlamento de Cataluña y además, elecciones generales. Por lo tanto, ya estamos viendo como el año ha empezado con todos los representantes políticos echando fuego por la boca, criticando al adversario más que resaltando lo que pueden ofrecer a la gente, al pueblo, para que les votemos y les demos nuestra confianza para prácticamente cuatro años. 

@Forges

En suma, un país en crisis, en una crisis que nos dicen que se va, como si de un temporal se tratase, pero que la gente siente en su interior cual frío siberiano que opta por quedarse. Un país desorientado, sin una política educativa común en los últimos 40 años de democracia, y además con los pilares fundamentales del -como dice nuestra Constitución- Estado social y democrático de Derecho desmantelándose progresivamente.

Si tiramos de historia comparada y siempre teniendo en cuenta las diferencias, me gusta comparar la situación política actual con la Italia de los años noventa. En primer lugar por la corrupción. Fueron los procesos judiciales -Mani Pulite- los que destaparon las redes de corrupción de los partidos políticos y el detonante del declive de la política tradicional, personificada en Democrazia Cristiana y Partito Socialista, hoy en día partidos desaparecidos o irreconocibles  tras cambios numerosos de nombre o de siglas. El tiempo dirá que sucede con el Partido Popular y el PSOE tras la ola de corrupción que asola nuestro país.

Antonio Di Pietro, uno de los magistrados más famosos del Tangentopoli.

En segundo lugar por la pérdida de legitimidad de la política tradicional, en el caso de Italia fue la crisis del paradigma antifascista, en el caso español, parece ser la revisión a la cultura política que ha representado la Transición. Más allá de la diferencia cronológica y la diferencias ideológicas que separan ambos discursos políticos, es muy tentador el realizar esa labor de comparación.

Y en tercer y último lugar por la aparición de fuerzas políticas nuevas, en Italia representadas por el liguismo y Forza Italia, recuerden el partido de Silvio Berlusconi que a pesar de ser un partido neoliberal, durante los años noventa se vendió como un partido nuevo dispuesto a romper con la política tradicional decadente y envuelta en escándalos de corrupción. En España, tenemos a Podemos. Evidentemente, las diferencias ideológicas y políticas de ambos partidos es clara. Pero, todavía por conocer los futuros resultados de las elecciones generales, lo que se puede decir de Podemos es que es un partido que representa el voto del cambio, el voto del descontento con la política tradicional. Solo el tiempo, y el desarrollo de las elecciones, nos dirá en que queda todo esto.

domingo, 11 de enero de 2015

Julián Casanova, La historia social y los historiadores, 1992 (Parte 2)

El libro transmite perfectamente los inicios confusos de la historia social, por un lado sus distintos focos de origen como los Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia, y por otro lado la ausencia de una teoría clara y su gran variedad de estudio que complica su definición, problema que por otro lado, acompañará siempre el recorrido de la historia social. Pero, en general –y sobretodo desde la corriente más influyente de la historia social de la escuela de Annales en Francia– la historia social se va a definir gracias a la lucha contra la triada historicista de una historia política, narrativa y episódica. Frente a ello, la historia social va a plantear una historia de las sociedades, con estructuras económicas y sociales, con un análisis profundo en dialogo con otras ciencias sociales. La evolución inicial de la historia social parte en varias vertientes, en primer lugar con la historia de las clases bajas, que más tarde evoluciona hacia la historia de los movimientos sociales en clara conexión con los movimientos obreros y el socialismo. En segundo lugar, los numerosos trabajos sobres distintas actividades y por último en una historia social en relación directa con el factor económico por la influencia marxista. Pero, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, no va a existir especialización académica.


Primer número de la revista Annales d'historie economique et sociale (1929).

Será a mediados de siglo XX, cuando dos guerras mundiales y una revolución destruya el monopolio político de las élites tradicionales y la historia social llegue al momento culminante, con una ampliación de las bases sociales de las universidades, que fortalecen todavía más a la historia social. Es en este apartado del libro, donde el autor, transmite que todas esas innovaciones en la historiografía, son el espejo de los cambios fundamentales en las estructuras políticas, sociales y económicas. Reflejo de ello es por ejemplo, la evolución de la escuela de Annales, narrada en el libro.

Marc Bloch y Lucien Febrve fundan la revista Annales d'historie economique et sociale en 1929. Desde ese momento, Annales crea un punto de inflexión frente a lo existente, con la introducción de los análisis sociales y económicos. Francia es un lugar precoz, en lo que a la producción de historia social se refiere –aunque no se consolido a niveles académicos hasta después de la Segunda Guerra Mundial–. En otros lugares, el peso de las costumbres, atraso el desarrollo de una historiografía social. En Alemania hasta el fracaso de la experiencia fascista, no hay una ruptura de los análisis históricos establecidos – según la explicación de Jürgen Kocka – y en Gran Bretaña pese a un lento desarrollo, surge una de las corrientes más influyentes dentro de la historia social, la escuela marxista británica, donde es George Rudé uno de sus mejores representantes como gran estudioso del comportamiento de la multitud. Mientras tanto, en Estados Unidos, destaca la diferencia con Europa en cuanto al peso de la tradición historiográfica y un contexto político completamente favorable a la realización de una historia que no estuviera relacionada con los viejos círculos de poder, de tal modo que la New History –donde destacan J.H. Robinson o F.J. Turner– no tendrá esa férrea oposición como había en Europa.


Lucien Febrve

De este modo, el libro nos lleva al final del recorrido, siendo en este parte donde el autor se expresa de manera más crítica frente a la historiografía social. Situado entorno a los años 80, el denominado periodo de crisis de la historia social, arrastra por un lado, los problemas definitorios y la ausencia de una teoría general en el momento de su formación como corriente historiográfica. Y por otro lado, la gran apertura temática a la que se había visto sometida en los últimos años y las nuevas tendencias revisionistas –desde el regreso a la narrativa, la introducción de factores político y militares, e incluso una tendencia a la separación de la sociología y el resto de ciencias sociales–. Aquí, Julián Casanova, nos presenta su opinión acerca de este debate y su vía de salida de ese oscuro túnel donde se ha adentrado la historia social. Ni la historia social más radical que ignora cualquier tipo de factor político o militar, ni ese viejo historicismo que no tenía en cuenta las clases sociales. El autor aboga por el estudio en ese cruce de caminos entre una historia social crítica y la buena sociología histórica, que desde su punto de vista, tan buenos trabajos han originado como por ejemplo, Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia de Barrington Moore.


Barrington Moore

El camino finaliza aquí, un recorrido marcado por una gran complejidad dentro de la evolución de la historia social, que el libro, gracias a su conexión con el contexto en donde se desarrolla, ayuda a comprender las distintas vías que se toman en la historiografía. Una historia que surge como una reacción, se fortalece como una alternativa y que acaba desmenuzándose en multitud de caminos. El acertado empeño del autor de mantenernos en contacto con ese contexto, es todo un acierto que puede resumirse en la frase de «que cada cual es hijo de su tiempo». Y es que, este libro te enseña como la historia social rompe con el mito de la objetividad del historiador «historicista» y otorga una autoridad analítica y comparativa al historiador, dependiendo del momento cronológico en el que escribe la historia.

sábado, 10 de enero de 2015

Julián Casanova, La historia social y los historiadores, 1992 (Parte 1)

La reacción frente al historicismo es el origen de la historia social. Este es el eje principal sobre el que versa este libro, donde Julián Casanova desarrolla toda la evolución de la historia social desde su nacimiento, pasando por su consolidación y por último, el periodo revisionista al que se ha visto expuesta. De modo que estamos hablando, entorno a cien años de un recorrido historiográfico en donde el libro nos recuerda, que no se debe olvidar el contexto donde se desarrolla esa labor intelectual por las personas en su tiempo.

El autor, Julián Casanova, dedicó los primeros años de su vida profesional a la investigación acerca del anarquismo –siendo este su tema de tesis doctoral (1)– y a raíz de una carencia en la enseñanza de la historia en la universidad española, decide iniciar un recorrido a través de la historiografia que desembocó en el libro La historia social y los historiadores. Así pues, de la misma manera que la historia social nace como un reacción frente a la historia de la apología del poder, el libro de Julián Casanova es una reacción frente a la escasez de estudios y debates historiográficos referentes a la historia social en la España de los años ochenta. Una escasez por otra parte, nada casual. La excepcionalidad del periodo franquista en la historia de España, había motivado el olvido de realizar cualquier tipo de historia «desde abajo» y todo ese tipo de estudios no se proliferan hasta la década de los noventa. Siendo esta la principal razón por la que el libro no dedica ningún apartado –excepto el secano español– a la historiografía española, ya que no hay tradición de la historia social que reivindicar, de modo que el libro se dedica de manera central al desarrollo historiográfico en el mundo occidental.

Leopold von Ranke

Debemos ubicar por tanto, el inicio de la historia social en una situación opositora frente al historicismo, en unos años donde está forma de hacer historia no era discutida. El historicismo no era más que la continuación de una historia realizada desde el poder, solo que en el siglo XIX aporta una serie de métodos científicos que profesionalizan la historia como una ciencia independiente. Alemania será el eje central del historicismo, en pleno proceso de creación del Estado Nación. De modo que la historia se convierte en una herramienta para la integración dentro de las naciones. Unas naciones que son tratadas como individuos, y como individuos, se relacionan entre ellos –política internacional– dejando de lado los intereses de las clases populares. Al tratarse de una historia «oficial», las únicas fuentes sobre las que trabajan son documentos oficiales, los cuales deben ser interpretados pero nunca analizados, destacando la objetividad del historiador. Esta es la producción historicista, abanderada por Leopold von Ranke, una historia centrada en el relato de los acontecimientos político y militares, una historia con leyes fijas sin posibilidad de comparativa, una historia que rechaza la teoría y que utiliza la narrativa como hilo conductor, en definitiva una historia al servicio del poder legitimado, con un claro abandono de las perspectivas sociales.

Max Weber

Esta forma de entender la historia, no habría tenido oposición en Europa sino se hubieran producido una serie de transformaciones sociales motivadas por la introducción del capitalismo y la industrialización en el siglo XIX. Unas transformaciones que dan conciencia de si misma a una masa popular hasta entonces ignorada y unas élites aristocráticas que se ven desplazadas por una burguesía con hambre de poder. En este contexto, comienzan las primeras alternativas frente al historicismo, desde los precedentes de una historia popular en Francia –con Jules Michelet–, la teoría de Karl Marx para entender los cambios que había producido el desarrollo capitalista, hasta los inicios de una conexión con la sociología –con Max Weber, Emile Durkheim, Auguste Comte y Herbert Spencer como sus principales valedores–. Todo este conjunto de rebeliones frente a las explicaciones dominantes, se fue conociendo como historia social, con un mayor campo de estudio social, económico y cultural.

(1) Julián Casanova Ruiz, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa durante la Guerra Civil (julio de 1936 – mayo de 1938). (Tesis de Doctorado – Universidad de Zaragoza, 1983)
*La versión aquí utilizada: Julián Casanova. La historia social y los historiadores, Barcelona, Crítica, 2003.

viernes, 9 de enero de 2015

Algo va mal: primera parte

Algo va mal es el título de uno de los últimos libros del malogrado historiador Tony Judt (1). En esta entrada no voy a hablar ni de él, ni de su libro, pero sí me acuerdo de él por haber sido una persona preocupada no solo por la Historia si no por la relación que de esta hacia con el tiempo presente. Y digo algo va mal porque cuando en una sociedad se prioriza las cuestiones materiales sobre las cuestiones intelectuales, emocionales o sentimentales, es que algo va mal. Solo hace falta hacer un repaso a la programación televisiva de los últimos años para comprobar que hay toda una serie de valores que han desaparecido de la cultura popular.


Edvard Munch, 1893, óleo, temple y pastel sobre cartón.

Con esto no quiero hacer una entrada alabando a los buenos viejos tiempos ni nada parecido. De hecho, encontramos críticas a la cultura de lo material desde la Grecia clásica pasando por Roma, incluso en la novela picaresca española del siglo XVI. Recordemos cómo en el genial Lazarillo de Tormes uno de los amos de Lázaro, el escudero, solo se preocupaba de sus apariencias, más cuando no tenía nada que llevarse a la boca (2). Hoy, esta situación lejos de moderarse se ha incrementado -desde nuestro punto de vista- por dos motivos. Por un lado, el propio sistema educativo que desde la Ilustración (S. XVIII) se ha organizado en torno al capitalismo -de esto, podemos hablar en otra entrada-. Por otro lado, la propia sociedad del utilitarismo en la que vivimos. 


Francisco de Goya y Lucientes, 1808-12, óleo sobre lienzo.

No existe cultura del trabajo, ni cultura del esfuerzo, sólo queremos el placer instantáneo. Para que esforzarse si todo se puede comprar. Pero estamos engañados, no todo se puede comprar. Hay algo que no se puede comprar y que además nunca se nos podrá arrebatar. Los conocimientos, los saberes son, por sí solos, un obstáculo al monopolio del dinero y el utilitarismo. No hay dinero en el mundo que pueda comprar el largo proceso que supone el aprendizaje y el verdadero placer con el que se hace. Diciendo esto, no podemos olvidarnos del magnifico libro de Nuccio Ordine, L'utilità dell'inutile (3) -aquí ya comentado-, para volver a recordar que podremos comprar títulos académicos, también podremos comprar un Ferrari o un Rolex, pero nunca podremos comprar la sabiduría y la personalidad adquirida durante años y años.

(1) Tony Judt, Algo va mal, Barcelona, Taurus, 2010.
(2) Anónimo (Edición de Víctor García de la Concha), Lazarillo de TormesMadrid, Espasa Calpe, 1987.
(3) Nuccio Ordine, L'utilità dell'inutile. Manifesto, Milano, Bompiani, 2013 [edición en castellano: La utilidad de lo inútil, Barcelona, Acantilado, 2013]

viernes, 2 de enero de 2015

Octavio Paz, La poesía, s.f.

Llegas, silenciosa, secreta, armada, 
tal los guerreros a una ciudad dormida; 
quemas mi lengua con tus labios, pulpo, 
y despiertas los furores, los goces, 
y esta angustia sin fin 
que enciende lo que toca 
y engendra en cada cosa 
una avidez sombría. 

El mundo cede y se desploma 
como metal al fuego. 
Entre mis ruinas me levanto, 
solo, desnudo, despojado, 
sobre la roca inmensa del silencio, 
como un solitario combatiente 
contra invisibles huestes. 

Verdad abrasadora, 
¿a qué me empujas? 
No quiero tu verdad, 
tu insensata pregunta. 
¿A qué esta lucha estéril? 
No es el hombre criatura capaz de contenerte, 
avidez que sólo en la sed se sacia, 
llama que todos los labios consume, 
espíritu que no vive en ninguna forma 
mas hace arder todas las formas 
con un secreto fuego indestructible. 

Pero insistes, lágrima escarnecida, 
y alzas en mí tu imperio desolado. 

Subes desde lo más hondo de mí, 
desde el centro innombrable de mi ser, 
ejército, marea. 
Creces, tu sed me ahoga, 
expulsando, tiránica, 
aquello que no cede 
a tu espada frenética. 
Ya sólo tú me habitas, 
tú, sin nombre, furiosa sustancia, 
avidez subterránea, delirante. 

Golpean mi pecho tus fantasmas, 
despiertas a mi tacto, 
hielas mi frente 
y haces proféticos mis ojos. 

Percibo el mundo y te toco, 
sustancia intocable, 
unidad de mi alma y de mi cuerpo, 
y contemplo el combate que combato 
y mis bodas de tierra. 

Nublan mis ojos imágenes opuestas, 
y a las mismas imágenes 
otras, más profundas, las niegan, 
ardiente balbuceo, 
aguas que anega un agua más oculta y densa. 
En su húmeda tiniebla vida y muerte, 
quietud y movimiento, son lo mismo. 

Insiste, vencedora, 
porque tan sólo existo porque existes, 
y mi boca y mi lengua se formaron 
para decir tan sólo tu existencia 
y tus secretas sílabas, palabra 
impalpable y despótica, 
sustancia de mi alma. 

Eres tan sólo un sueño, 
pero en ti sueña el mundo 
y su mudez habla con tus palabras. 
Rozo al tocar tu pecho 
la eléctrica frontera de la vida, 
la tiniebla de sangre 
donde pacta la boca cruel y enamorada, 
ávida aún de destruir lo que ama 
y revivir lo que destruye, 
con el mundo, impasible 
y siempre idéntico a sí mismo, 
porque no se detiene en ninguna forma 
ni se demora sobre lo que engendra. 

Llévame, solitaria, 
llévame entre los sueños, 
llévame, madre mía, 
despiértame del todo, 
hazme soñar tu sueño, 
unta mis ojos con aceite, 
para que al conocerte me conozca.


*Consultado en: María de Lourdes Franco Bagnouls, Literatura hispanoamericana, México, Editorial Limusa, 1989, p. 400.