lunes, 14 de diciembre de 2015

Historias de la historia: La campana de Huesca

Abrimos con esta entrada una nueva sección en el blog. Una sección en la cual podamos hablar de aquellas anécdotas, aquellas historias, aquellos tiempos mitológicos que lejos de empezar donde acaba la historia se complementan, ayudan a comprender el pasado y a entender más a las sociedades y sus sentimientos. Un ejemplo muy claro son los inicios de la historia de Aragón, donde mito e historia se relacionan a la perfección, siempre teniendo en cuenta cuando hablamos de leyenda y cuando estamos hablamos de realidad. 

Hoy queremos contar la historia de la campana de Huesca. Corría el año 1134, Alfonso I El Batallador, rey de Aragón y de Pamplona moría sin descendencia. El rey, a pesar de haber logrado doblar el territorio de Aragón y poseer también el trono del vecino reino de Pamplona, fracasó en una de sus principales obligaciones, tener descendencia. Un problema grave, porque además, en su testamento, el rey había hecho heredero de sus reinos a las Órdenes Militares que el tanto había admirado -en aquellos momentos a la orden de los Templarios, a los Hospitalarios y a los caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén-

Francisco Pradilla, Retrato de Alfonso I, 1879.

En Pamplona lo tuvieron fácil, la nobleza y el clero decidieron no acatar el testamento del rey y elegir a García Ramirez, luego apodado el Restaurador, como rey de Pamplona ya independiente de los territorios aragoneses. Pero, en Aragón, la situación fue más complicada. Los nobles, en medio de unas tremendas luchas internas, debían decidir si acatar o no la última disposición del rey, pero el miedo ante el aumento de la influencia de las Órdenes Militares en Aragón, y por lo tanto, su pérdida de poder, hizo que como en Pamplona, se decidiera no cumplir el testamento de Alfonso y ponerse a buscar de inmediato algún candidato. 

Lo más lógico era que el reino permaneciera en el mismo linaje que había gobernado el reino desde que los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza pasaran a estar bajo la figura de Ramiro I de Aragón. Y que mejor que el hermano de Alfonso, el también llamado Ramiro. Pero había un problema, un gran problema. Ramiro era en aquellos momentos obispo de Roda-Barbastro. De hecho, como cuarto hijo de Sancho I, toda su vida había estado volcada a la Iglesia, primero como monje en el monasterio francés de San Ponce de Tomeras, luego como abad de San Pedro el Viejo en Huesca y, por último, como obispo en la ya citada diócesis. De este modo, para que pudiera reinar, casarse y por supuesto, tener descendencia sería necesaria una bula papal que anulara su compromiso con la Iglesia.

Manuel Aguirre y Monsalbe, Ramiro II de Aragón, 1851-1854.

Y así fue, Ramiro fue coronado en Zaragoza, como Ramiro II, más tarde se le conoció como el Monje. Aunque parece ser que los inicios de su reinado no fueron fáciles. Tensiones entre sus nobles, muchos de los cuales le desobedecían y ponían en cuestión la legitimidad de su corona. Ante tal situación, Ramiro II, un hombre de Estado, mandó a un mensajero para pedir consejo a su antiguo maestro y abad del monasterio de San Ponce de Tomeras. El abad no habló, se dirigió al huerto y cortó algunas de las hiervas que sobresalían del mismo, tras lo cual indicó al mensajero del rey que le repitiera a este el gesto que acababa de contemplar.

Dicho y hecho, cuenta la leyenda que Ramiro II hizo reunir a los más importantes nobles del reino en la ciudad de Huesca, con la excusa de hacer una campana que se escuchara en todo el reino. Allí, en una de las salas del palacio real, engañados fueron entrando los nobles aragoneses, y conforme lo hacían, uno a uno eran decapitados por Ramiro, que allí los esperaba, con espada en mano, como si de Beatrix Kiddo se tratara -la protagonista de Kill Bill-. Con este acontecimiento, Ramiro II logró la estabilidad que deseaba para su reino, con lo que pudo casarse con Inés de Poitou, y finalmente tener descendencia. Pero eso, ya es otra historia.


José Casado del Alisal, La campana de Huesca, 1880 (Museo del Prado)

Lo que nos tiene que quedar claro de todo esto es que, evidentemente, estos hechos no son reales. Pero sí es cierto que tras la leyenda, y como muchos expertos, científicos, filólogos e historiadores han demostrado, hay una parte de verdad y por lo tanto, una fuente histórica. Porque este mito, esta leyenda, nos está explicando las tensiones internas que se inician entre los grandes poderes del reino de Aragón por el complicado asunto del testamento de Alfonso I. De hecho, Antonio Ubieto Arteta y Manuel Alvar, consideraban que la primera redacción del cantar de gesta de este acontecimiento rondaría el siglo XII y por lo tanto casi coetáneo al reinado del propio Ramiro II, que dos siglos después se recogería en la Crónica de San Juan de la Peña.

El mismo Jerónimo Zurita, ya en el siglo XVI, analizó dicho relato y encontró las fuentes clásicas de las que probablemente provenía dicho relato, la Historia de Heródoto, por lo que aceptaba la veracidad de una posible represión de algunos nobles por parte de Ramiro II, pero negaba totalmente la leyenda. En este sentido, y más recientemente, Alberto Montaner ha opinado que la leyenda de la campana de Huesca es una influencia directa de la Razón de Estado -en término maquiavélicos- que ya narraba Tito Livio en el siglo I antes de la Era. Así, podemos concluir que la historiografía actual niega por completo la fidelidad de la leyenda de la campana de Huesca, pero si que admite que puede estar directamente influenciada de ese contexto político y social de inestabilidad que caracterizó el reinado de Ramiro II de Aragón.

BIBLIOGRAFÍA

Laliena, Carlos (2000). La campana de Huesca, Zaragoza: CAI.

Montaner Frutos, Alberto (2007-2008). «Los clásicos, la emblemática y la razón de estado: lecturas áureas de la "campana de Huesca"». Revista Estudos de Literatura Oral. Faro: Centro de Estudos Ataíde Oliveira, Universidade do Algarve, pp. 251–266. 

Pérez Lasheras, Antonio (2003). La literatura del reino de Aragón hasta el siglo XVI. Zaragoza: Institución Fernando el Católico.

Romeo Pallás, José María (1989). «Dos legendarios antecedentes clásicos de la Campana de Huesca». Aragón en la Edad Media. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Árabes e Islámicos, pp. 557–560.

Ubieto Arteta, Antonio (1982). Historia de Aragón. Literatura medieval I, Zaragoza: Anubar.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Apuntes de historia: Iglesia de San Antonio de Padua, il Sacrario Militare Italiano

Desde la irrupción del concepto memoria en la historiografía -a veces mal llamada memoria histórica, ya que aquí preferimos el de memoria colectiva- su aplicación ha ocasionado no pocos problemas a la hora de afrontar los acontecimientos del pasado. Más, cuando la crisis de la historia ha ocasionado la ruptura de los grandes metarrelatos y sobre todo del olvido de la erudición y la crítica como herramientas fundamentales para crear conocimiento histórico. En este sentido, podemos decir que estamos olvidando la historia, cómo se trabaja y olvidando también los espacios donde estudiarla. La palabra memoria, en cambio, recobra fuerza, y esto para los historiadores no debe ser tomado como una amenaza sino como una oportunidad. A pesar de los peligros de la memoria, los espacios de memoria ayudan a las personas a establecer una conexión con su pasado, a reflexionar lo que nuestra civilización ha hecho hasta este momento, precisamente en un momento donde la sociedad, las nuevas tecnologías y nuestros estilos de vida, se han despreocupado por hacer recopilación y reflexión de lo que hacemos. De hecho, en muchas ocasiones estamos rodeados de espacios llenos de esa memoria que ignoramos completamente. 

Hoy, queremos centrarnos en la Iglesia de San Antonio de Padua (Zaragoza), uno de esos espacios de memoria casi olvidada. Para ello, tenemos que remontarnos al año 1936, cuando estalla la Guerra Civil española tras el fracaso del golpe de Estado del general Francisco Franco. Un fracaso ocasionado por la fuerte oposición social y de algunas facciones del ejército que hicieron que un conflicto que se podía haber resuelto en unos días se elevara a la categoría de contienda hasta 1939. El bando sublevado, que pronto se hicieron llamar los nacionales, estaba formado por buena parte del ejército, monárquicos, y todos aquellos contrarios a las políticas reformistas de la Segunda República. Un bando, que teniendo en cuenta el contexto europeo en el que se desarrolla, no es de extrañar que de manera temprana tuviera los apoyos de los gobiernos de la Italia fascista y la Alemania nazi. Por otro lado, dentro de las fuerzas republicanas estarían aquellos dispuestos a continuar con la legalidad política de la República -no olvidemos que la II República es el único régimen establecido en España por las urnas, de manera democrática- y algunos miles de voluntarios internacionales englobados en las brigadas internacionales tanto anarquistas como comunistas, debido a la vuelta de espalda de las potencias democráticas occidentales, en ese momento comprometidas con la política de apaciguamiento con Hitler y la no intervención.


Agustí Centelles, Luchando tras una barricada de caballos muertos (Barcelona, 1936)

Como decimos, la participación de la Italia de Mussolini fue temprana, los primeros contingentes llegaron entre finales de 1936 y principios de 1937. Benito Mussolini obsesionado por la idea de recrear las grandes hazañas del Imperio Romano, soñaba con extender el fascismo en todas las costas del Mar Mediterraneo. La guerra civil española no era sino otra de sus participaciones en guerras en el exterior para hacer más grande su nombre, Abisinia, España, Albania... la participación en la Segunda Guerra Mundial fue el principio del fin de todo esto. Cerca de 80 mil italianos vinieron a combatir al lado de las tropas franquistas, de estos, muchos murieron aquí. Después de la primera victoria y entrada triunfal en Málaga, llego la derrota en Guadalajara, donde los muertos ya se contaban por miles y empezó a ser necesario la construcción de cementerios militares para reunir sus cuerpos. Algunos de estos cementerios fueron más o menos corrientes, construidos de forma eventual, pero otros siguieron una tradición ya iniciada en la Primera Guerra Mundial, sobre todo, a partir de las tumbas al soldado desconocido.

En Italia, esa tradición fue usada por el fascismo italiano como un icono más de la llamada vittoria mutilata, es decir, el maltrato que las potencias habían hecho a Italia a pesar de su aportación a la victoria sobre los Imperios centrales. De hecho, como hemos hablado en alguna que otra ocasión, sin Primera Guerra Mundial, es imposible entender la aparición del fascismo en Italia. Así, estos cementerios van a ser construidos prácticamente 20 años después de la contienda por el Estado fascista para hacer suya la memoria de los caídos y de los excombatientes de la Primera Guerra Mundial principalmente para su uso propagandístico. 


Sacrario militare di Redipugli (Friuli Venezia Giulia, Italia)

Serán construcciones al más puro estilo de la arquitectura fascista, el movimiento moderno internacional al servicio del racionalismo italiano. Grandes estructuras monumentales, generalmente construidas en piedra, que en teoría tenían que servir como una guía para las generaciones venideras. Cementerios como el sacrario militare di Redipugli (1938) son un buen ejemplo de ello. Situado en la región más oriental de la región de Friuli-Venezia Giulia, junto a la disputada frontera con Eslovenia -en aquellos momentos, Yugoslavia-, el monumento consiste en una enorme escalinata que recoge los nombres de unos 100 mil soldados italianos caídos en la Primera Guerra Mundial que están presididos por la tumba del II duque de Aosta, Manuel Filiberto de Saboya-Aosta, por su condición de comandante de la Tercera Armada Italiana durante la Primera Guerra Mundial y un guiño a la monarquía italiana. Cosas de la historia, Manuel Filiberto ostentó el título de Príncipe de Asturias entre 1871 y 1873, ya que fue el primogénito de Amadeo I de Saboya.


Sacrario militare del monte Grappa (Veneto, Italia)

Otro ejemplo de estos cementerios monumentales es el sacrario militare del monte Grappa (1932-1935). Un conjunto espectacular no solo por su arquitectura sino por la elección de su localización, ya que se encuentra en uno de los laterales del monte Grappa, dentro de los Prealpes Vénetos. Un gran paseo conecta con una serie de escalinatas en la colina saludando al vacío. En las gradas, cientos de columbarios destinados a recoger los restos de los soldados caídos. Ese modelo de nichos, unido al uso de la piedra, hace de este cementerio un recuerdo inspirado en la arquitectura clásica romana, una cultura de la que el fascismo italiano se sentía como heredera.


Sacrario militare de Caporetto o sacrario de Sant'Antonio (Kobarid, Eslovenia)

En este sentido, podemos encontrar cementerios militares italianos desde Bari -al sur de Italia- como el sacrario militare dei caduti d’Oltremare (1967), pasando por Caporetto, hoy Kobarid (Eslovenia) con el sacrario militare di Caporetto o sacrario di Sant'Antonio (1938) o incluso en lugares como El Alamein (Egipto) donde se libró una de las batallas mas importantes de la Segunda Guerra Mundial en territorio africano, y que ya en los años 50 el gobierno de la República de Italia decidió llevar a cabo la construcción del sacrario militare italiano di El Alamein (1954 - 1958). Pero de todos estos, el que más nos interesa a nosotros es el sacrario militare italiano en la Iglesia de San Antonio de Padua, construido en la década de los cuarenta para reunir de forma definitiva a todos los soldados italianos que habían caído durante la guerra civil. 


Sacrario militare italiano de El Alamein (Egipto)

Como hemos dicho, a lo largo de la geografía española los italianos realizaron pequeños cementerios para que los restos de sus compatriotas descansasen. Pero, una vez terminada la guerra civil, a modo de homenaje, y como maniobra propagandística por parte de Mussolini para demostrar su aportación a la victoria de Franco, se decidió crear un cementerio monumental para congregar a todos los caídos en un mismo punto. 

Se eligió Zaragoza. En primer lugar, porque Zaragoza ya albergaba uno de los cementerios militares italianos más grandes, ubicado junto a una de las tapias del actual cementerio municipal. En segundo lugar, porque la ciudad tenía buenas comunicaciones, situada entre el cruce de caminos que hay entre Madrid y Barcelona, pensando tanto en la logística que conlleva el traslado de los cuerpos como en los familiares que así desearan visitarlo en un futuro. Y en tercer lugar, por el simbolismo que tenía la ciudad de Zaragoza dentro del ideario fascista italiano que pretendía emular las grandes hazañas del fundador del imperio, César Augusto. Ya que Zaragoza, en época romana, Caesaraugusta, era la única ciudad del imperio con el nombre completo del emperador, y que mejor que unir al Imperio Romano y al nuevo fascismo en un mismo punto con la construcción de una torre osario en honor a los caídos por el fascismo y por Italia.

El proyecto inicial era monumental. Una gran torre de piedra de 85 metros de altura rematada con una cúpula de cruces que se alzarían prácticamente hasta llegar a los 100 metros. Allí, en suelo italiano, puesto que la titularidad del sacrario es italiana, se recogerían los restos de todos los soldados italianos caídos por Italia, por Mussolini y por la difusión internacional del fascismo. Junto a ello, la construcción de una iglesia dedicada a San Antonio, un convento construido por los padres capuchinos y un jardín con un estanque donde se tenía que reflejar la monumental torre. El arquitecto Víctor Eusa, conocido además de por su carrera profesional por ser uno de los dirigentes de la Junta Central Carlista de Navarra, supo captar bien el espíritu que los italianos querían reflejar en ese monumento. De hecho, la simbología del edificio es muy característica ya que las propias verjas intentan reproducir uno de los iconos del fascismo italiano, las fasces.


Sacrario militare italiano en la Iglesia de San Antonio de Padua en los años 50


Aunque, cosas de la historia, la obra nunca llegó a finalizarse como así estaba proyectado, ya que la construcción que empezó a partir de 1940 quedó parcialmente paralizada con el final del régimen fascista de Mussolini en 1943. El cese de los envíos de material y dinero hicieron imposible la finalización de la idea inicial. De este modo, la torre no superó los 50 metros, y el jardín tampoco contó con ese famoso estanque donde se debía reflejar el edificio. Así pues, reducido ese proyecto inicial su inauguración ya en 1945 contaba además con uno de sus promotores ya desaparecido -el fascismo italiano-, por lo que el nuevo gobierno, desde 1946 la República Italiana, debería decidir que hacer con él. 


Interior de la torre de San Antonio


De este modo, y a pesar de las reticencias del gobierno franquista, se decidió desde Italia que ese monumento debería servir no solo para homenajear a los soldados italianos caídos en honor del fascismo, sino todos aquellos italianos que lucharon en la Guerra Civil, esto es, aquellos que habían formado parte del bando republicano, mayoritariamente en las Brigadas Internacionales. Por eso, de entre los casi 4.000 nombres que hoy se homenajean en la torre, en torno a unos 500 de ellos, son los italianos que murieron en suelo español mientras defendían al legítimo gobierno republicano. Aunque, debido a estas reticencias franquistas y también, a que muchos eran enterrados sin identificar, solo 22 de ellos descansan en dicho osario. 


Exterior de Sacrario Militare Italiano-Iglesia de San Antonio de Padua

Así, hoy la iglesia-mausoleo de San Antonio de Padua intenta ser un lugar de recuerdo de la Guerra Civil, también un lugar dedicado a todos los italianos que dejaron su vida y su sangre en España. Por eso, cuando entramos en la cripta, en la parte superior del arco de acceso, aparece inscrita una frase que dice: L’Italia a tutti suoi Cadutti in Spagna. Una muestra de reconciliación y de diálogo a pesar del uso-abuso que el sitio tuvo por parte de la propaganda franquista, y que todavía tiene por parte de algunos grupos de extrema derecha. Pero eso, nunca debemos olvidar lo importantes que son para la historia, los historiadores y la sociedad en general estos lugares de memoria.


Portada principal de la cripta

BIBLIOGRAFÍA

Tzvetan Todorov (2008). Los abusos de la memoria, Barcelona, Paidos.

Emilio Gentile (1975). Le origini dell´ideologia fascista, Roma, Laterza.

Paul Preston (2001). «El papel de Mussolini en la guerra civil europea», en Julián Casanova(comp.), Guerras civiles en el siglo XX, Madrid, Editorial Pablo Iglesias, pp. 29-49.

Julián Casanova (2011). Europa contra Europa, 1914-1945, Barcelona, Crítica.

Julián Casanova (2014). España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil española. Barcelona, Crítica. 

Dimas Vaquero (2007). Credere, obbedire, combattere: fascistas italianos en la Guerra Civil española. Zaragoza, Mira Editores.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Historia y videojuegos: Medal of Honor (I)

Corría el año 1999, el mundo de los videojuegos parecía vivir su segunda época dorada con el desarrollo de los juegos con gráficos 3D y ese año, Steven Spielberg, junto con el resto del equipo de DreamWorks, se alistaron, y nunca mejor dicho, en una de las series de juegos más míticas sobre la Segunda Guerra Mundial, Medal of Honor. Un año antes, el estreno en los cines de Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan), dirigida por el propio Steven Spielberg, había traído a toda una generación de niños, jóvenes y adolescentes -entre los que yo mismo me encontraba-, los desastres y la violencia de una guerra que la memoria parecía olvidar. En este sentido, Medal of Honor vino a completar ese nuevo relato de moda que se estaba presentando en torno a la Segunda Guerra Mundial. 



El primer juego de la serie, como decimos, apareció en 1999 para PlayStation, revolucionando el panorama consolero hasta ese momento. En él, encarnamos la figura de Jimmy Patterson, un teniente del ejército norteamericano adscrito a la OSS (Office of Strategic Services, considerada la antecesora de la CIA) que tiene que recurrir a la estrategia y al sigilo para superar las misiones que se le encargan. Unas misiones alejadas de la guerra abierta, caracterizadas por la infiltración y gracias a las cuales descubriremos algunos de los entresijos y preparativos bélicos del Tercer Reich. Así, más allá de la historia del juego y del desarrollo en el apartado gráfico, poco se distinguía de sus influencias dentro del mundo del shooter. Pero es aquí, cuando tenemos que hablar de la banda sonora compuesta por Michael Giacchino, famoso por darle música a la serie Lost o la película Up, con la que ganó un Oscar en esta especialidad. Así, Medal of Honor fue uno de los primeros videojuegos en preocuparse tanto en la banda sonora como se estaba haciendo en el cine.


En contraste, en cuanto a la narrativa histórica del juego, no podemos decir que sea muy original, puesto que viene a repetir los tópicos del cine bélico estadounidense, sobre todo de los años 50 y 60. Es decir, un héroe contra todo un ejército. El bien contra el mal. Una nueva renovación del eterno pacto con la justicia que parecen tener todas las intervenciones norteamericanas en el extranjero. Aunque, en la Segunda Guerra Mundial, la intervención estuviera más que justificada por las prácticas criminales y asesinas del Tercer Reich de Adolf Hitler. 

Finalmente, el éxito del juego en la crítica y en el gran público, vinieron tanto por su gráficos y su jugabilidad, como por su historia en torno a la Segunda Guerra Mundial, lo que provocó que pronto se empezara a trabajar en sus secuelas y que los seguidores del videojuego, como yo en aquellos momentos,  estuvieran esperando estas continuaciones como agua de Mayo.

sábado, 31 de octubre de 2015

Hans Baldung Grien, Las Edades y la Muerte, 1541 - 1544

Día de Todos los Santos, Día de Muertos, Halloween, estamos en las vísperas de la gran celebración en torno a la muerte. Por eso, nos gustaría comentar la iconografía de una obra verdaderamente conmovedora. Las Edades y la Muerte de Hans Baldung, una pintura del renacimiento alemán que estremece por su mensaje. La brevedad de la vida, la fragilidad de la existencia humana, todo ello simbolizado por ese personaje tenebroso, casi esquelético que representa a la muerte con un reloj de arena en una mano y una lanza rota en la otra. Un personaje que sostiene con su brazo a una mujer anciana, probablemente en los últimos años de su vida y que se aferra a la vez a la juventud caracterizada por la muchacha joven que completa esta evolución.

Alrededor, un paisaje apocalíptico, yermo, con un cielo grisáceo y un sol tenue, entre lo que se puede divisar un Cristo Crucificado, elemento de esperanza dentro del pensamiento cristiano. De todo esto, llama la atención también el bebé, ignorante de la escena que contempla y finalmente la lechuza, con la mirada desafiante al espectador como símbolo claramente ligado a la muerte.

Por lo tanto, estamos ante una obra de gran complejidad temática cuyo tema principal es el destino final que nos depara nuestra propia naturaleza humana. 

Museo Nacional del Prado, óleo sobre tabla, 151 cm x 61 cm

martes, 6 de octubre de 2015

Algo va mal: El anacronismo del nacionalismo

Como ya hemos citado alguna vez en este blog, Stefan Berger suele expresar que «Nación es narración», es decir, la nación no deja de ser sino la preocupación por buscar y narrar un pasado común e identitario para un grupo de personas (1). Por lo tanto, desde una perspectiva historiográfica, hablar de naciones como conceptos eternos e inamovibles en el tiempo no deja de ser un tanto descabellado hoy en día. El término nación, tal y como lo entendemos en la actualidad, nace a finales del siglo XVIII, en los albores de la Revolución Francesa con la explosión de dos ideas fundamentales: la soberanía nacional y la idea de Estado-nación. 

Homi K. Bhabha, Nación y narración: entre la ilusión de una identidad y las diferencias culturales, 2010.

Ideas que ya en el siglo XIX se extienden rápidamente a lo largo de toda Europa gracias a las Guerras napoleónicas y sobre todo a la extensión del movimiento cultural del romanticismo. Se inicia, de este modo, la era del nacionalismo que nos lleva desde la creación de los principales Estados-nación a lo largo de todo el mundo (Alemania, Italia, Estados Unidos, Japón, entre otros), pasando por los grandes momentos de rivalidad política en torno al imperialismo y las dos guerras mundiales, hasta su generalización con los procesos de descolonización.  Siguiendo este discurso, podríamos considerar la Guerra Fría como el último conato de este enfrentamiento entre naciones. 

¿Qué papel ha jugado la Historia en todo esto? No es casual que la Historia se forjara como disciplina científica al mismo tiempo que el nacionalismo se extendía a lo largo del mundo. Como comentamos en otra entrada relativa a la Historia y la educación, a la vez que la historiografía se asentaba como conocimiento científico se iba implantando en los currículos educativos de los distintos Estados-nación hasta el punto de ser utilizada como una materia para crear sentimiento nacional. En este sentido, tanto el desarrollo de la ciencia histórica como su planteamiento en forma de asignatura en la educación básica fueron por caminos distintos. Así, si bien la ciencia histórica poco a poco se ha ido desarrollando en torno a la crítica y la revisión, no ha sido de este modo en las distintas asignaturas de Historia en los currículos educativos, donde se presenta la Historia como un discurso nacional único. Aunque esto, los últimos años parece estar cambiando. 

«No es fácil ver cómo las formas más extremas de nacionalismo pueden sobrevivir a la larga, cuando ya los hombres han visto la Tierra en su verdadera perspectiva, como un pequeño globo contra la inmensidad de las estrellas.» 
Arthur C. Clarke, The Exploration of Space (1951)

De todos modos, regresamos a nuestro discurso en torno a los orígenes del nacionalismo, como una narración y es aquí donde quiero volver al título de esta entrada. En los últimos días hemos vivido el tornado mediático en torno a las elecciones autonómicas de Cataluña y su carácter plebiscitario. De ambas partes, el discurso nacionalista es cuanto menos rancio a la par que anacrónico. Con los problemas sociales y económicos que atravesamos, en una sociedad cada vez más volcada a la globalización, parece que algunos todavía viven en el siglo XIX buscando premisas y justificaciones para crear naciones. Ni España ni Cataluña son entes permanentes, son dos narraciones, hundidas en buena medida en las ideas decimonónicas del romanticismo y que de una forma u otra se han constituido como territorios independientes, de un lado estatal y por otro autonómico. 


La Historia es maestra y nos ha mostrado las peores caras del nacionalismo (fascismo, nazismo), por lo tanto desde aquí abogamos a replantear la idea que tenemos de nación en un mundo cada vez más global y donde queramos o no, estamos obligados a cooperar para seguir evolucionando como civilización. De este modo, el nacionalismo debería estar abocado a ser un reducto como excusa para realizar competiciones internacionales deportivas, como por ejemplo en el fútbol. 


(1) Stefan Berger, «Narrating the Nation: Historiography and Other Genres», S. Berger, L. Eriksonas and A. Mycock (eds.), Narrating the Nation. Representations in History, Media and the Arts, New York-Oxford, Berghahn Books, 2008, p. 1.

sábado, 29 de agosto de 2015

jueves, 23 de julio de 2015

Algo va mal: Crisis y muerte de la filosofía

¿Por qué? Es una pregunta que cada vez nos planteamos menos. La dinámica de la sociedad capitalista exige resultados de balance económico positivo sin importar las consecuencias. En este contexto, las Humanidades han sido las grandes perdedoras. La Historia no interesa porque no vende, interesa los grandes best-sellers y los grandes relatos nacionales. Tampoco interesa la Historia del Arte o la Filología Hispánica, ya que el biligüismo en el ámbito escolar es lo que se lleva, eso si, siempre aplicado en materias de Humanidades. Y de todas ellas, la gran perdedora es la Filosofía.  

Edvard Munch, El grito, 1893, Galería Nacional de Oslo.

La Filosofía está en crisis, es un hecho. Pero no debemos olvidar que en nuestra evolución como especie, en nuestra evolución como sociedad, en nuestra evolución epistemológica del conocimiento, la Filosofía siempre ha jugado un papel fundamental. Hoy en día, precisamente cuando más se la necesita, la Filosofía se ha visto apartada de los currículos educativos, en España solo se imparte en Bachillerato, dejando apartados de la misma a todos aquellos que no continúan por la vía de los estudios superiores ¡Cómo si estos no fueran a ser ciudadanos como el resto! De hecho, al menos como yo entiendo la Filosofía -sin ser filósofo-, esta no debe estar monopolizada por grandes cabezas pensantes, sino que debe ser una herramienta práctica a la hora de plantearnos cómo y porqué hacemos las cosas.

En Historia, la Filosofía me parece fundamental. Cuando te planteas un problema, buscas información, buscas fuentes primarias, testimonios, publicaciones. También revisas las fuentes secundarias sobre el tema, trabajos de investigación, libros y otras publicaciones. Todo ello para plantearte una hipótesis. Después esa hipótesis se va modificando, se va interpretando hasta que construyes tu teoría final. Un proceso bastante mecánico en el caso de no contar con la Filosofía. La Filosofía te obliga a dar un pasito atrás y repensar el proceso de investigación, plantear si las fuentes han sido las adecuadas o si la interpretación ha sido adecuada. Sin este apartado, una investigación rara vez puede ser eficaz. Esto en la Historia de la Física o de la Medicina, está más que claro. Pero no solo eso, podemos aplicarlo a nuestra vida cotidiana, a la hora de ir a comprar o preparar la comida, a la hora de hacer las tareas del hogar. Nos debemos plantear continuamente si lo que hacemos lo hacemos bien, si aprovechamos bien el tiempo, si comprando la leche y el pan al mismo tiempo no estamos  ahorrando un tiempo necesario para otra cosa.


Jacques-Louis David, La muerte de Marat, 1793, Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas.


La Filosofía por lo tanto no parece ser una actividad de pensamiento para ociosos. Es una herramienta muy importante para desarrollar una ética personal y profesional para nosotros, los ciudadanos de este mundo. Es así, que la Filosofía nos puede parecer complicada, a veces incluso inabarcable, pero tenemos que entender que la Filosofía no es cuestión de un tema exclusivo, sino que puede ser aplicada a cualquier tema. Tristemente, la Filosofía muere cuando más la necesitamos. En un momento donde nos deberíamos plantear dónde estamos y a dónde queremos llegar. La gran brecha social que el capitalismo ha creado en nuestra sociedad, el materialismo y la obsesión por la imagen, la sociedad de consumo o el gran problema del calentamiento global merecen ser estudiados desde otras perspectivas más allá de las económicas y productivas. Por que la educación vuelva a la razón de la mano de la Filosofía.

lunes, 29 de junio de 2015

Stephen Hawking, Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros, 1988

Hace unos meses hablamos en este blog de la concepción del tiempo histórico. En este sentido, entendíamos el tiempo como una construcción humana, como una categoría de pensamiento que ayuda a reflexionar sobre nuestra vida y experiencias.  La reflexión y la crítica son herramientas fundamentales del ser humano y que al mismo tiempo nos distinguen de los otros seres que habitan nuestro planeta. Esto, alimentado de una gran curiosidad nos ha hecho plantearnos preguntas que jamás antes se habían planteado ¿Cuál es el origen de todo? ¿El universo en el que vivimos es eterno, es finito, tuvo un principio? ¿Existe algún dios o divinidad? ¿Quién estableció las leyes que rigen el universo?

Evidentemente son preguntas complejas, muchas de ellas todavía sin respuesta, pero son este tipo de preguntas las que han motivado el desarrollo del pensamiento humano. Estas preguntas son las que nos han llevado a estudiar nuestra historia, a estudiar nuestro entorno, a estudiar lo que hay más allá de nuestro planeta. Sin el pensamiento reflexivo y crítico, alimentado por una gran curiosidad, nada de esto se habría planteado, ni habríamos trabajado e investigado hasta límites nunca imaginados. En este contexto debemos entender el libro de Stephen Hawking, Historia del tiempo


Un libro de carácter científico-filosófico, donde nos podemos encontrar con explicaciones sobre los agujeros negros, el origen y el destino del universo o incluso la propia naturaleza del tiempo. Con este historial, y más dentro de personas de «letras», un libro como este debería de producirnos alergia. Pero nada más lejos de la realidad. El poder de la palabra bien escrita, en manos de un gran científico como Stephen Hawking, no solo preocupado por el conocimiento sino por la forma de contarlo, hace de este un libro excepcional para adentrarse en un mundo generalmente alejado del gran público. De hecho, su A Brief History of Time (1988) estuvo entre los libros más vendidos durante meses. 

A la maravillosa forma de explicar cuestiones fundamentales para cualquier mente de gran curiosidad, se le suma la carismática personalidad del escritor. Stephen Hawking nacido en 1942 en Oxford, parecía estar destinado a una prometedora carrera de investigación en Física cuando llegó a Cambrigde en 1962. Pero a las pocas semanas se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, hoy mejor conocida como ELA. Dos años de vida era la esperanza de vida que los médicos le otorgaron. Stephen Hawking a pesar de la dificultad siguió trabajando en lo que era su pasión, el estudio de las leyes básicas que gobiernan el universo.


Así, fruto de largos años de trabajo y por una gran voluntad de ofrecen de forma clara y bien escrita sus conocimientos tiene su origen este libro. Un libro, que desde nuestro punto de vista, alimenta la curiosidad y el interés por cuestiones que parecen lejos de nuestro alcance. Esto, que se debería trabajar a niveles educativos de manera obligatoria, también lo debería ser para nuestro día a día. Conocer y meditar sobre nuestra existencia, no solo es cuestión de ir al psicólogo, es razón también de pensamiento y reflexión más allá del ritmo de vida que impone la sociedad moderna.  En definitiva, un libro que nos ayuda a mantener viva la curiosidad por lo que nos rodea.

*La versión aquí utilizada ha sido: Stephen Hawking, Historia del tiempo: Del big bang a los agujeros negros, Barcelona, Crítica, 1999.

viernes, 29 de mayo de 2015

Historia y videojuegos: Age of Empires (II)

El éxito de Age of Empires hizo que de manera muy temprana se lanzara al año siguiente una expansión titulada The Rise of Rome, que nos introducía nuevas civilizaciones de la Antigüedad Tardía como Roma, Cartago y de hecho nos tendían un puente histórico al que iba a ser el auténtico nombre de este saga, Age of Empires II (1999). Centrado en la época medieval y con bastantes novedades de jugabilidad y técnicas, Age of Empires II se iba a convertir en el juego más emblemático de la saga y sin duda el más recordado. 


Portada de Age of Empires II: Gold Edition

Dividía la Edad Media en cuatro períodos: Alta Edad Media, Edad Feudal, Edad de los Castillos y Edad Imperial. Como en el primero, avanzar de edad iba a depender de tener unos mínimos recursos necesarios así como una serie de conocimientos tecnológicos. Nuevas unidades civiles y militares nos acababan de dibujar una simulación de la sociedad medieval. Más cosas, como comercio, el oro como principal elemento de intercambio o la posibilidad de adquirir reliquias que daban riqueza y prestigio. Entre las civilizaciones más destacadas teníamos a los ingleses, francos, godos, celtas, persas, bizantinos, sarracenos, teutones, japoneses, chinos, etcétera.

Además el juego contaba con un apartado muy interesante, una especie de pequeño manual sobre los distintos aspectos que aparecen en el juego, tanto conceptuales como por ejemplo las cuestiones relacionadas con el feudalismo, así como tecnológicos y una pequeña biografía de los personajes que aparecen en el juego. Porque una de las partes más interesantes del juego son una serie de misiones individuales que nos ponen en la piel de personajes hoy casi legendarios como William Wallace o Juana de Arco. 


Captura de pantalla Age of Empires II: The Age of Kings (1999)


El juego, como he dicho el más importante de la saga, se ha visto sometido a modificaciones tanto por los propios desarrolladores como por la comunidad de jugadores. De hecho, hay dos expansiones muy interesantes del juego, la primera que salió muy poco después, se titulaba Age of Empires II: The Conquerors (2000) y básicamente incluía una misión sobre el descubrimiento de América y varias civilizaciones como los aztecas, los mayas, además de los españoles. La segunda mucho más tarde, en 2013 acompañando a una versión HD del juego titulada Age of Empires II: Forgotten Empires (2013) que incluía a incas, italianos, eslavos, hindús y magiares. No solo eso, de una colaboración entre LucasArts y Ensemble Studios, surgió Star Wars: Galactic Battlegrounds (2001) un juego que mezclaba el motor gráfico de Age of Empires con la temática de Star Wars.


Blasco de Grañén. San Martín y el peregrino (1445) (Museo Diocesano de Zaragoza)


La saga la continuó varios años después Age of Empires III (2005) que a pesar de los avances gráficos y novedades en la jugabilidad con un sistema de metrópolis y colonias, no supo enganchar a la comunidad de jugadores como lo hizo el número dos de la saga. En definitiva, podemos decir que la saga Age of Empires han sido juegos sobre Historia, juegos con historias, pero también un verdadero punto de inflexión en la historia de los videojuegos.

jueves, 21 de mayo de 2015

Algo va mal: Política y juventud

Antes de todo quiero decir que me considero joven, al menos dentro de la escala moderna que establece la juventud entre los 20 y los 30 muy largos, de hecho tengo 26. Pero me cansa que últimamente en los medios de comunicación, y sobre todo de cara a las elecciones, haya una especie de elogio a la juventud. Si, esos mismos medios de comunicación que nos repiten a todas horas que es la juventud más preparada de la historia de España, pero en cambio vive la situación de paro más dramática que se conoce en el tiempo reciente. 

Exhibición gimnástica de la Gioventù italiana del littorio 
(antes los Fasci giovanili di combattimento)

En este sentido, la juventud y la política, si lo miramos desde un punto de vista histórico, son dos conceptos que siempre ha estado relacionados. De hecho, generalmente los cambios políticos en la historia contemporánea los han traído movimientos sociales asociados con la juventud. Hoy, a cuatro días de las elecciones la gente también espera que esos cambios los traiga la juventud. En las entrevistas, en las encuestan, la juventud parece una cualidad necesaria de todo político que quiera hacer carrera. Y yo esto lo pongo en cuestión. Me basta recordar cómo el fascismo y nazismo, que eran movimientos que se criaron en la Primera Guerra Mundial y que llegaron al poder entre los años veinte y treinta, tenían entre sus señas de identidad la exaltación de la juventud -exaltación de la juventud y también de la masculinidad-. De hecho, salvo algunas excepciones la mayoría de sus miembros o había luchado muy jóvenes en la guerra o incluso se habían criado en la guerra, como Guiseppe Bottai decía «la guerra fue nuestra pubertad»*

Cartel propagandístico de las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjügend)

Por lo tanto, cuidado con la juventud. Juventud no es un sinónimo de progreso en el campo social ni mucho menos en el político. De hecho, para mi la juventud no es una cualidad, es un momento de la vida, por qué tendría que elogiar una fase de la vida por la que pasamos todos. Prefiero que los cambios políticos vengan de gente realmente comprometida, jovenes, maduros o ancianos. De personas que apuesten por la igualdad de todos los seres humanos, que tengan unos valores ideológicos y sobre todo que sean buenas personas. La historia, aunque muchos no lo piensen, nos enseña muchas cosas. 

*Giuseppe Bottai, Diario 1935-1944, Bologna, Rizzoli, 2001.

viernes, 8 de mayo de 2015

Historia y videojuegos: Age of Empires (I)

Corría el año 1997, Microsoft una de las empresas informáticas más consolidadas del momento apadrinaba un videojuego que se iba a convertir en un auténtico icono cultural de finales del siglo XX. Desarrollado por Ensemble Studios, el videojuego del que estamos hablando es Age of Empiresun videojuego de estrategia en tiempo real que revolucionó el género hasta ese momento. Y lo revolucionó, no solo por la jugabilidad que más tarde comentaremos, sino por la narración y el contexto histórico en el que el juego se desenvuelve. 

Portada de Age of Empires, 1997 

Ambientado en el año 3000 antes de la Era, y con la posibilidad de elegir 12 civilizaciones antiguas -Grecia, Minoica, Fenicia, Egipto, Asiria, Sumeria, Babilonia, Persa, Hitita, Shang, Choson, Yamato-, se puede ir avanzando a lo largo de cinco periodos o edades: Edad Nómada, Edad de Piedra, Edad de las Herramientas, Edad de Bronce, Edad de Hierro; siendo más o menos estas las edades que suelen manejar los historiadores para estudiar este periodo. En este sentido, para avanzar de edad, tenemos que cumplir una especie de requisitos mínimos tales como investigación de nuevas tecnologías o la acaparación de  una serie de recursos. 

Lo interesante de este juego, desde un punto de vista histórico, son sobre todo dos cosas. Por un lado, nos ofrece la posibilidad de rememorar los grandes procesos y los grandes acontecimientos de la historia antigua, desde el proceso de la creación de los primeros Estados en Mesopotamia y el Nilo hasta las Guerras del Peloponeso y la expansión de Grecia con Alejandro Magno. Por lo tanto, no solo la historia de los grandes hombres, sino también de procesos fundamentales para entender hoy la forma en la que vivimos como el paso de la caza y la recolección a la agricultura, el comercio o los primeros sistemas censales basados en el cobro de impuestos. Además, el complejo sistema de gestión nos ofrece una fotografía o imagen más o menos aproximada del régimen económico y sistema social que funcionaba en época antigua. De tal modo, tenemos una clara división social entre aldeanos -los que trabajan-, sacerdotes, soldados y personajes clave -el clásico héroe de todos los juegos de estrategia-, y también una serie de recursos con los que comerciar: comida, madera, piedra, oro. Sin duda, las dos partes fundamentales del juego.

Captura de pantalla, Age of Empires, 1997

Por todo ello creo que debemos reflexionar en qué medida estos videojuegos, y los que les han seguido, han ayudado a formar nuestra conciencia histórica. Y aquí, si que hablo desde mi propio punto de vista, ya que fueron juegos como Age of Empires, que cuando salió al mercado yo tenía 8 años, los que sin duda me hicieron despertar esa curiosidad por la Historia que más tarde me llevaron a emprender los estudios en eso mismo. Así que desde un punto de vista docente, creo que hay que perder el miedo a utilizar este tipo de recursos como herramienta o como forma de atraer a los alumnos a un determinado tema. Siempre y cuando se haga con mucha preparación y con una metodología y objetivos precisos. 

domingo, 26 de abril de 2015

La entrada de las citas (Parte 1)

Estrenamos esta nueva sección para recoger imágenes, citas y frases que a lo largo de los meses vayan apareciendo en nuestras lecturas. La idea es combinar tanto referencias actuales como citas más antiguas, pero que tengan una relación con algún acontecimiento coetáneo. De esta manera, buscamos ser agradecidos con todos aquellos escritores, historiadores, filólogos, filósofos, fotógrafos que han trabajado y pensado sobre alguno de los temas que suelen recorrer este blog. Las citas de esta semana son:

«Si el mundo sigue el proceso en el que la palabra escrita es reemplazada por la imagen y lo audiovisual, se corre el riesgo de que desaparezca la libertad, la capacidad de reflexionar e imaginar y otras instituciones como la democracia» 

Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) en el I Foro Internacional del Español 2.0, celebrado en Ifema, 26 de abril de 2015.

«Ha cambiado mucho el rol social del amor [...] El amor es "lo sagrado" [...] Pocas personas se sacrificarían hoy día por Dios, por la nación o por la clase obrera, es decir, por abstracciones, pero muchos padres están dispuestos a sacrificarse si la vida de sus hijos está en peligro y lo mismo se podría decir de otras formas de amor»

Tzvetan Tódorov (Sofía, 1939) en el festival Gutun Zuria de Bilbao, 25 de abril de 2015.

martes, 14 de abril de 2015

La República y los sueños olvidados

Tras la resaca del Día Internacional del Beso, y esperando el establecimiento por fin de un Día Internacional de los Días Internacionales, dedico esta entrada a la celebración de un aniversario casi siempre olvidado, el 14 de abril. Muchos preguntaréis ¿Pero, qué es lo que tenemos que celebrar? ¿Acaso te refieres a la proclamación de la Segunda República? Sí, a eso me refiero. Porque es, sin duda, uno de los grandes precedentes democráticos de la Historia de nuestro peculiar país. Un país donde los medios de comunicación no hacen ni una mísera mención al primer régimen de carácter democrático de nuestra historia, como decía el artículo primero de su Constitución, «Una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia». 



Un sueño vilipendiado por los cuarenta largos y duros años de régimen franquista y después olvidado tras otros cuarenta años de democracia nacida de la Transición. A nadie le ha interesado recordar la República y sus aspectos más positivos. Y, a pesar de la recuperación parcial de la memoria de los vencidos, sigue siendo difícil saber y conocer que España una vez fue una República, una República que por primera vez daba el voto a la mujer, que por primera vez se planteaba una educación para todos, y que por primera vez se plantaba una sociedad más igualitaria. Desde aquí, el más profundo recuerdo y respeto por los que soñaron y lucharon por la democracia y la libertad.

lunes, 6 de abril de 2015

Apuntes de historia: Italia y los orígenes del fascismo (III)

Hablemos ahora de las características del primer régimen fascista de la Historia, para facilitar la comparación con otros y no caer en anacronismos baratos. Así, lo primero que tenemos que tener en cuenta, como ya hemos mentado, es que el fascismo en Italia es un producto de la Primera Guerra Mundial con un sustrato ideológico anterior, pero que como el historiador Julián Casanova defiende, solo se puede entender con el hundimiento del sistema autocrático tras la guerra y las consecuencias sociales de la Revolución Bolchevique. De este modo podemos resumir las siguientes características del fascismo italiano: 

1.- Crítica generalizada al sistema democrático liberal del cual culparon del desastre del resultado de la Primera Guerra Mundial para Italia. 

2.- Crítica al socialismo y todas sus formas. El fascismo es un movimiento moderno diferente, rechaza el triunfo de la razón -idea heredera de La Ilustración-. No es la reedición de los movimientos contrarrevolucionarios del siglo XIX, el fascismo planteaba un nuevo orden, no la vuelta al pasado. 

3.- El fascismo emerge de la guerra. Un componente que conecta con la idea de movimiento de masas y con su fuerte carácter nacionalista.

4.- Vago sentimiento anticapitalista que con su establecimiento en el poder es eliminado al encontrarse apoyado por los grandes poderes económicos.  


Dicho esto, hay que decir que el tema de los fascismos es difícil de sintetizar y más cuando se trata de elaborar una tipología general más allá del fascismo italiano. Aquí vamos a tratar de incluir las grandes teorías de historiadores como Kitchen, Kershaw, Casanova, Preston para trazar las grandes líneas de su interpretación. De todos estos rasgos, la presencia o no de ellos nos van a marcar los distintos grados de fascismo o de intensidad en los distintos regímenes que tradicionalmente se han catalogado o no como fascistas -la Italia de Mussolini, la Alemania Nazi, la Austria de Dollfuss o el régimen del general Franco en España entre otros-. 

1.- ¿Dónde, cómo y cuando? El escenario. Podemos decir que es un fenómeno que se produce en estados capitalistas desarrollados, con estructuras de clase compleja. Aunque esto, evidentemente, no lo convierte en un fenómeno universal.

2.- ¿Por qué? Las causas. Los fascismos parten de una severa crisis social y económica que tiene que amenazar a gran parte de la sociedad, desde las clases dominantes y las clases sociales más bajas. Está unido por lo tanto a la crisis del liberalismo.

3.-  Respuesta a la revolución obrera. El fascismo es una reacción ante los acontecimientos de Octubre de 1917 en Rusia. Pero, no es una reacción defensiva, sino ofensiva ya que suele coger a la clase obrera en plena división. Los ejemplos más significativos son los de Italia, Alemania o incluso España.

4.- Composición social. Es fundamental identificar a sus protagonistas que en general son una representación de las élites, clases medias y también clases trabajadoras. Surge por lo tanto de una alianza entre el Estado, las élites y la captación de las masas.

5.- Violencia. El fascismo es un movimiento violento. Violento contra los movimientos obreros, por su propia competencia frente a la movilización de las masas. Pero también, violento en los mismos métodos de alistamiento en sus filas. 


6.- La función social del fascismo. Estabilizar y fortalecer el sistema capitalista. Apuntalar el sistema con métodos violentos de coherción para proteger la propiedad privada y asegurar el orden económico establecido. La burguesía cede su poder político al fascismo a cambio de estabilidad social y económica. 

7.- Régimen de terror. El fascismo establece por primera vez en la Historia un régimen generalizado de terror. Entre lo que se puede distinguir un terror caliente, sin proceso legal alguno y el terror legal, que ya a pesar de ser una farsa se registra. El Estado como la herramienta más útil para ello -Terror de Estado-, una verdadera máquina de rutinas administrativas. Dentro de ello, un paso excepcional es la Solución Final y lo que Hanna Arendt llamó la banalidad del mal. 

8.- Ideología. Una extraña mezcla entre modernidad y tradición. Una movilización de masas copiada de la izquierda política y un énfasis en los componentes irracionales -autoridad, obediencia, patria, raza- junto con una manipulación de las frustraciones colectivas. Uso masivo de la propaganda.

9.- Imperialismo. Todos los fascismos persiguen unos objetivos políticos internacionales agresivos y expansionistas. Necesidad de defensa y economía nacional. Por ello, se desvían las tensiones internas hacia el exterior o sobre un enemigo común.

BIBLIOGRAFÍA: 

BOSWORTH, R.J.B, Mussolini, London, Hodder,  2002.
BOSWORTH, R.J.B, Mussolini's Italy: Life Under the Dictatorship 1915–1945, London, Allen Lane, 2006.
CASANOVA, Julián, Europa contra Europa, 1914-1945, Crítica. 2011.
EVANS, Richard J, The Third Reich in Power: 1933–1939, The Penguin Press HC, 2005.
GENTILE, Emilio, Fascismo. Historia e interpretación (Roma-Bari, 2003), Madrid, Alianza, 2004.
KERSHAW, Ian, The Nazi Dictatorship. Problems and Perspectives of Interpretation, London, 1985.
MOSSE, George, La nacionalización de las masas (Nueva York, 1974), Madrid, Marcial Pons, 2005.
PAYNE, Stanley G., El fascismo (Madison, 1980, y Madrid, Alianza, 1984), Madrid, Planeta, 1995 
PRESTON, Paul, Las derechas españolas en el siglo XX: autoritarismo, fascismo y golpismo, Madrid, Sistema, 1986.
TANNENBAUM, Edward R., La experiencia fascista. Sociedad y cultura en Italia (1922-1945) [1972], Madrid, Alianza, 1975.
TRAVERSO, Enzo, La violencia nazi. Una genealogía europea, Argentina, Fondo de Cultura Económica, 2002.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Apuntes de historia: Italia y los orígenes del fascismo (II)

El advenimiento de la sociedad de masas llegaba a Italia con una serie de tensiones no solo provocadas por la guerra, sino por el propio desfase del sistema político que se hacía evidente en el triangulo industrial de Milán, Turín y Génova. Así, en 1919 se introdujo el sistema de representación proporcional que acabó por hundir a los viejos partidos liberales y llevó al gobierno al recién creado Partito Popolare Italiano -fundado por Sturzo ese mismo año-, junto con un ascenso importante del Partito Socialista Italiano. En este sentido, tenemos que tener en cuenta dos procesos fundamentales del periodo. Uno, la conflictividad social, ocupaciones de fábricas y tierras (Biennio Rosso). Dos, la cultura de los excombatientes que los vinculaban emocionalmente a las causas nacionalistas. El ejemplo más paradigmático es la toma de la ciudad de Fiume por unos miles de excombatientes liderados por Gabrielle D'Annunzio. 



En este contexto, apareció una figura clave, Benito Mussolini. Un militante socialista que trabajaba como periodista del órgano del Partito Socialista Italiano, el Avanti, hasta que en 1914 en medio del debate de la intervención en la guerra fue expulsado del PSI. Mussolini nunca realmente creyó en el ideario marxista, lo veía como algo ajeno a Italia. Se necesitaba un movimiento con las señas propias de la identidad italiana. Tras la guerra, en 1919 formó los Fasci di Combattimento, en Milán en una mansión y rodeado de 118 personas entre ellos Marinetti (de ahí esa conexión con la modernidad y el futurismo de los años 20).



La estrategia de este nuevo partido fue el squadrismo, es decir, la conversión de grupos de excombatientes en fuerzas paramilitares pagadas por los grandes empresarios y propietarios para reprimir las ocupaciones y huelgas de los trabajadores. Unas acciones que contaron con la complicidad y benevolencia de las fuerzas del Estado. Poco a poco, se van desmantelando y destruyendo los sindicatos socialistas y cristianos. En 1921, cuando los Fasci di Combattimento ya cuentan con 230.000 personas, todo un fenómeno social, se funda el Partito Nazionale Fascista que en tan solo un año, y con muy pocos diputados accederá al poder tras la famosa Marcha sobre Roma. 



¿Qué ofrecía el fascismo para ser tan atractivo? En primer ofrecía camaradería a unos veteranos con problemas para integrarse de nuevo en sociedad, una especie de continuación de la Gran Guerra tras la paz. A los más jóvenes, les ofrecía excitación en un mundo deprimido, una visión de futuro con el final del orden liberal decadente.