lunes, 30 de junio de 2014

Sally Perel, Tú tienes que vivir, 2014 (1991)

Pocas personas pueden contar con una experiencia tan desgarradora y emocionante como Solomon Perel. Y no solo eso. Además de ello, tener la habilidad para explicarlo de la manera en que lo hace Sally, unas memorias sinceras, bien escritas y sobre todo muy interesantes para acercarse al periodo de la Segunda Guerra Mundial desde un punto de vista distinto.



De este modo, Tú tienes que vivir* es la esperada traducción al español del testimonio de Solomon Perel, que durante cuatro años bajo el yugo nazi se llamó Josef Perjell. Una historia de exilios, natural de Peine (Baja Sajonia), tuvo que huir de Alemania junto a su familia ante el ascenso del nazismo y el aumento de las hostilidades contra los judíos. Su nuevo hogar fue Lodz. Como se sabe, el 1 de septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial con el inicio de la invasión nazi sobre Polonia, y de nuevo la familia Perel bajo el peligro que representaba para ellos la cruz gamada.

«Tú tienes que vivir» -le dijo su madre- Antes de despedirlos a él y a su hermano del gueto de Lodz. El exilio continuaba, cruzaron el límite marcado por el pacto Molotov-Ribbentrop que partió Polonia en dos, y donde Solomon acabaría en un internado del Konsomol en Grodno -hoy Bielorrusia-. Pero de nuevo la bota nazi daba un paso al frente, en el verano de 1941 se inició la Operación Barbarroja, es decir, la extensión del Blitzkreig en Rusia. El nazismo decidió así atacar a su enemigo natural, el bolchevismo judío, una guerra sin piedad, un nuevo hito en el nivel de crueldad del género humano. Comisarios políticos y judíos fueron exterminados sin motivo alguno, y entre medio de todo ese infierno, el joven Sally -en aquel momento tenía 15 años- era detenido por la Werhmacht.

«Tú tienes que vivir» -recordaba continuamente Solomon- cuando los soldados alemanes comenzaron a identificarlo. A partir de ese momento, Sally Perel desapareció, dando paso a Josef Perjell, un Volksdeutsche** huérfano «preparado» para regresar de nuevo al Tercer Reich. Su habilidad para los idiomas, alemán, polaco y ruso, le valieron para permanecer como traductor junto a los soldados de la Werhmacht, hasta que fue reclamado por su edad para formar parte de la más selecta educación que se podía ofrecer a un joven en la Alemania nazi, un internado de las Hitlerjugend -Juventudes Hitlerianas-. Paradojas de la vida, un judío, un ser «inferior», entre los vástagos de la flor y nata de la raza aria.

Así salvó Solomon su vida. Cuatro años en la boca del lobo, cuatro años silenciando a su «yo judío» que evidentemente minaron su propia capacidad para identificarse hasta tal punto de encontrarse al final de la guerra con sentimientos enfrentados. Muy recomendable por lo tanto su lectura, tanto por su aspecto narrativo como por su carácter histórico. Unas memorias escritas cuarenta años después de los acontecimientos, en los años ochenta, cuando la memoria de la Segunda Guerra Mundial, de la Shoah o del nazismo, parecía -y digo parecía- enfriarse. Ya que es precisamente en este momento -finales del siglo XX- cuando empiezan a incrementarse el numero de publicaciones referentes al tema, tanto de textos de carácter biográfico o memorial -como este aquí comentado-, como también de publicaciones e investigaciones de carácter científico. Un momento en el que la ciencia histórica se tuvo que enfrentar a numerosos aspectos que parecían ir más allá de la comunidad científica. Esto es por ejemplo, las cuestiones judiciales, no podemos olvidar el punto de inflexión que había marcado el juicio a Eichmann en 1961, o cuestiones relacionadas con la memoria y los usos públicos de la historia, pero de eso se puede hablar otro día.



*Sally Perel, Tú tienes que vivir, Madrid, Editorial Xorki, 2014. 
**Sobre el término Volksdeutsche veáse: Doris L. Bergen, «The Nazi Concept of 'Volksdeutsche' and the Exacerbation of Anti-Semitism in Eastern Europe, 1939-45», en Journal of Contemporary History, Vol. 29, No. 4, 1994, pp. 569-582.

martes, 17 de junio de 2014

Personajes: Mussolini (Parte II)

De este modo, la guerra había acelerado las contradicciones de la sociedad italiana, bloqueando por completo el sistema liberal. Los intentos de Giolitti de introducir al obrerismo en el orden liberal habían fracasado, y desde el final de la guerra se realizan numerosas huelgas, ocupaciones de tierras, ocupaciones de fábricas, la afiliación a los sindicatos socialistas aumenta considerablemente; lo que causó el pánico entre la clase propietaria y la burguesía -que tenían en el recuerdo la Revolución de Octubre del 17 muy presente el miedo al socialismo-, son por lo tanto años de gran conflictividad social. Ante la incapacidad gubernamental de frenar el fenómeno, ya que el colapso del sistema liberal había acabado por debilitar el Estado, la burguesía va a financiar a grupos paramilitares para luchar contra el obrerismo, grupos que estarán formados en su mayoría por ex-combatientes que más tarde pasaron a formar parte del fenómeno del squadrismo con la creación de los Fasci di Combattimento por Mussolini en marzo de 1919 -en Milán-. Y que irán adquiriendo gran fuerza, sobre todo en el norte de Italia ya que contaban con el apoyo económico de los Agrari -grandes terratenientes- y además gozaban de la complacencia de las fuerzas de seguridad del Estado. 


Así, poco a poco, Mussolini se fue apropiando y redirigiendo los distintos elementos que formarán el fascismo, como por ejemplo el mito de la victoria mutilada que conllevaba asumir el nacionalismo y el imperialismo, la cultura de lo excombatientes que acabó configurando el fenómeno paramilitar fascista, además de toda una retórica caracterizada por un tono radical, revolucionario, joven -el himno del Partido Fascista se titulaba Giovinezza-, que además exaltaba la masculinidad y que hacía del fascismo una salida atractiva frente al sistema liberal con una clara proyección para la conquista del poder y la destrucción del socialismo. Todo ello, en un contexto donde el derrumbe de los antiguos partidos liberales, posibilitó el auge de los partidos de masas, como es el caso del Partito Popolare de Sturzo o el Partito Socialista, pero que ante imposibilidad de acuerdo para acceder al poder, mantuvo a lo viejos lideres liberales hasta la llegada de Mussolini. Siendo otra muestra más del bloqueo que estaba viviendo el sistema liberal y también cómo poco a poco el fascismo se presenta como una alternativa política. De hecho en noviembre de 1921 son incluidos por Giolliti en el bloque anti-socialista y como medida para dar más coherencia al movimiento fascista, Mussolini transforma los Fasci di Combattimento en el Partito Nazionale Fascista, que un año después y con tan solo 32 diputados fascistas subían al poder tras el nombramiento de Benito Mussolini como primer ministro. Ese año por lo tanto se produjo la plasmación de la alianza entre las viejas élites italianas -el rey, el ejército, el clero y los grandes propietarios- con el fascismo y que tuvo su máxima representación en la marcha sobre Roma. 

Luego ya, Mussolini y el fascismo se ocuparon de construir el mito del acceso al poder mediante la fuerza que era una obsesión en Mussolini, pero realmente fue una combinación de la violencia paramilitar y los acuerdos políticos con las viejas élites lo que le dio el poder y la decisión del rey de no actuar, y es que el papel del rey aquí fue fundamental, ya que se sabía que incluso entre los fascistas, ante la posible tesitura de elegir entre el rey o Mussolini, habrían elegido apoyar al rey. Por lo tanto y como se ha señalado muchas veces, el fascismo como movimiento tuvo que reducir su retórica radical para acceder al poder mediante ese acuerdo con las viejas élites italianas, de ahí la distinción entre fascismo como movimiento y fascismo como régimen. 


Y ahora dando un salto a la historia política y los acontecimientos del régimen fascista como por ejemplo la propia marcha sobre Roma, la ley Acerbo, el caso Matteotti, el establecimiento de la dictadura fascista, me gustaría responder a la segunda de las preguntas que planteamos en esta sección, ¿Cómo se derrumbo el régimen fascista de Mussolini? 

Así que a modo de epílogo, me interesa destacar la política exterior llevada a cabo por Mussolini como una de las principales causas de su final. Y es que para Mussolini, la política exterior fue una preocupación fundamental y por ello se centro en controlar el Ministerio de Asuntos Exteriores la mayor parte del tiempo que estuvo en el poder -salvo entre 1937-1943 Galeazzo Ciano, su yerno-. Su experiencia durante la Primera Guerra Mundial al lado del intervencionismo, le había dado el convencimiento de era necesaria una política exterior agresiva para situar a Italia entre las grandes potencias. Mussolini tenía una obsesión por forjar un imperio en torno al Mediterráneo, pero realmente Italia no pudo seguir ese ritmo. Mussolini además creía en el imperialismo como una herramienta para unir a la nación, y una muestra de la utilización que le da a la política exterior para la proyección en la política interna, es el traslado del Ministerio de Asuntos Exteriores del Palazzo della Consulta al Palazzo Chigi, que es un edificio dotado de un gran balcón desde el que dar discursos y que está situado en la Via del Corso, ahora en frente de un ZARA pero que ya en esos momentos era unas de las calles más concurridas de la ciudad. De este modo, si los años 20 estuvieron caracterizados por una continuación parcial de la tradición diplomática liberal, los años 30 estuvieron marcados por el ascenso de Hitler y el nazismo en Alemania y con ello la radicalización de la política exterior a nivel internacional. 


El acercamiento de Mussolini a la política exterior alemana, será sin duda el inicio del fin del régimen fascista en Italia. Pese al incremento en el presupuesto militar, sus ambiciones siempre estuvieron condicionadas por la necesidad de abastecimiento de Italia y la supremacía naval británica en el Mediterráneo. Y mientras que la guerra de Etiopía causó un gran entusiasmo en la sociedad italiana, la participación en la Guerra Civil Española supuso un duro revés a la popularidad del Duce, ya que tuvo unos grandes costes sociales y económicos a cambio de un resultado poco provechoso. De este modo, en Junio de 1940, el Duce declaraba la guerra a los Aliados, ante la resignación de muchos de sus propios colaboradores, el rey y la sociedad italiana. La guerra para Italia fue un fracaso ya que no pudo seguir el ritmo de las grandes potencias. Tres años después, el desembarco aliado en Sicilia, precipitó la descomposición del Partito Nazionale Fascista que en la última convocatoria del Gran Consejo Fascista la noche del 24 de julio de 1943 destituyó a Mussolini.


Fue detenido y el nuevo gobierno nombrado por el rey se apresuró en firmar el armisticio con los aliados. Italia quedó dividida por la ocupación alemana y la guerra externa se convirtió en una auténtica guerra civil. El fascismo italiano, por lo tanto nació y murió de una guerra. Y si bien la historia política de Mussolini estaba acabada, todavía quedaba un capitulo de su vida terrenal, ya que tras ser liberado por los paracaidistas de las Waffen-SS, es puesto como títere de Hitler en la Italia ocupada, lo que se llamó la República de Saló hasta que fue capturado y fusilado por los partisanos antifascistas el 28 de Abril de 1945. El final de Mussolini, la historia de su cuerpo expuesto al pueblo y sometido a toda clase de vejaciones es un caso paradigmático, ya que la imagen del cadáver de Mussolini colgado en Piazzale Loreto de Milán contrastaba con la imagen del Duce de los italianos que había re-fundado el imperio.

BIBLIOGRAFÍA
  • BAKER, Keith, «Introducción» en El concepto de cultura política en la reciente historiografía sobre la Rev. Francesa, pp. 12-13.
  • BOSWORTH, R. J. B., «El fanstasma de Benito Mussolini (1945-2001)», en Mussolini, Península, Barcelona, 1993, pp. 445-463.
  • CABRERA, Miguel Ángel, «Cultura política e historia» en PEREZ LEDESMA, Manuel y SIERRA, María (eds.) Culturas políticas: teoría e historia, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, pp. 19-85.
  • CASANOVA, Julián, Europa contra Europa, Crítica, Barcelona, 2011.
  • GENTILE, Emilio, El culto del littorio, Siglo XXI, 2011.
  • GENTILE, Emilio, Le origini dell´ideologia fascista, Laterza, Roma, 1975.
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  • LUEBBERT, Gregory M., Liberalismo, fascismo o socialdemocracia, clases sociales y orígenes políticos de los regímenes de la Europa de entreguerras, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 1997. pp. 164-173.
  • LYTTLETON, Adrian, «El fascismo en Italia» en CABRERA, Mercedes, JULIÁ, Santos y MARTÍN ACEÑA, Pablo (Comps.), Europa en crisis 1919- 1939, Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 1991, pp 65-77.
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  • SMITH, Denis Mack, «La conquista del poder» en Mussolini, Fondo de Cultura Económica, México, 1989, pp. 81-103.
  • TANNENBAUM, Edward R., La experiencia fascista. Sociedad y cultura en Italia (1922-1945), Alianza, Madrid, 1975, pp. 17-83.

domingo, 15 de junio de 2014

Personajes: Mussolini (Parte I)

Comenzamos esta nueva sección del blog titulada Personajes. No con una voluntad biográfica, ni mucho menos en contar una historia protagonizada únicamente por los grandes personajes, sino como una herramienta para situar a esas personas en su contexto histórico más complejo. Empezamos con Benito Mussolini, Duce del fascismo italiano y dictador de Italia entre 1922 (o 1925) y 1943 (o 1945).

Una figura -Mussolini- en la que la herencia de la culturas políticas italianas del siglo XIX tiene una clara influencia en la formación de su discurso político y también, del discurso político del fascismo en generalPero para que el fascismo apareciera como una alternativa al sistema liberal, tenía que producirse un punto de inflexión en una sociedad, que ya antes de la guerra estaba en plena transformación. Ese punto de inflexión fue la Primera Guerra Mundial, que no solo en Italia, sino que en la mayoría de los países europeos cambió el modo de entender el mundo en todos sus aspectos. El fascismo por lo tanto no se puede entender si no tiene en cuenta el impacto que causó la Primera Guerra Mundial.


La pregunta es: ¿Por qué en Italia? ¿Cual es el caldo de cultivo para que, siendo un país vencedor, sea el origen del fenómeno fascista en Europa? La cuestión es como la sociedad italiana reacciona ante los cambios que avecinaron la Primera Guerra Mundial. Y del mismo modo, cabría preguntarse sobre su final. ¿Cómo una dictadura de 20 años, se desmorona en un día? Y lo cierto es que no fue en un solo día, fue un proceso, pero es interesante su análisis. Los orígenes del fascismo por lo tanto beben de dos fuentes, por un lado la herencia de la cultura política italiana, y por otro lado las consecuencias que tiene la Primera Guerra Mundial en la sociedad. Respecto a lo primero ya lo ha explicado mi compañero en profundidad. De modo que me voy a centrar en exponer las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y cómo desembocan en la subida al poder del fascismo.

En este sentido, la sociedad italiana de principios del siglo XX se encontraba en pleno proceso de transformación: de un sociedad tradicional y rural a una sociedad industrial y mecanizada, lo que supuso no pocos traumas sobre todo en sectores campesinos que ven transformado por completo su modo de vida. Un modo de vida que había estado marcado durante siglos por el ritmo de la naturaleza en el campo y que ahora se veían sometidos a los ritmos de la industria y progreso, todo esto la Primera Guerra Mundial no hizo más que multiplicar el efecto. Además, el sistema liberal que nace de la unificación representaba a un sector muy pequeño de la sociedad por lo que las contradicciones no iban a tardar en aparecer -en este sentido Gramsci entendía el Risorgimento como una revolución burguesa limitada-. Así pues, el Estado liberal era acosado desde sectores tan variados como los católicos, el campesinado y más tarde los socialistas. De hecho, la historia del liberalismo hasta 1914 había sido la historia del declive de las élites burguesas en su afán de gobernar sin el apoyo de las masas, ya que los intentos por parte de Giolitti de la ampliación de la base social mediante un acercamiento al obrerismo en los años previos a la guerra fueron un fracaso absoluto.


Por otro lado antes incluso, de que Italia decidiera entrar en la contienda, la guerra creo una ruptura importante en Italia, la división entre neutrales e intervencionistas. Los debates en torno a la participación italiana en la Gran Guerra llegaron a todos los sectores de la sociedad. Entre aquellos que apoyaban la neutralidad destacaban los socialistas, los católicos y sectores liberales. El grupo de los intervencionistas era mucho más diverso y ambiguo: en él podemos encontrar desde nacionalistas, futuristas, anarquistas, liberales conservadores e incluso radicales revolucionarios. Como ya hemos visto, es en este momento cuando Mussolini se desvincula del Partido Socialista y comienza a promocionar la intervención de Italia en la guerra, atrayendo a radicales revolucionarios que entendían la guerra como una forma de revolución -momento en el que se forma los Fasci d'Azione Rivoluzionaria, germen de los posteriores Fasci di Combattimento-. 

Finalmente en Abril de 1915 Italia se compromete a luchar del lado de los ingleses pese al sentimiento neutral de la sociedad. Ya que se creía en una guerra corta y con las esperanzas de derrotar a su tradicional enemigo, Austria, y de recibir colonias y territorios en el Adriático. Pero la guerra para Italia fue un desastre, medio millón de muertos y el doble de heridos, grandes costes económicos y además unas compensaciones escasas en comparación con las expectativas que se habían creado. Esto será el origen del mito de la «victoria mutilada». Un mito, heredero del irredentismo, basado en el orgullo nacional herido y que después será aprovechado por la retórica fascista para ganarse el apoyo de nacionalistas, pero también de los ex-combatientes que consideraban que su esfuerzo por la patria no había sido recompensado. 


Unos ex-combatientes que se convirtieron en un sector importante de la sociedad, dos millones y medio de movilizados regresaban a casa. Un grupo que había desarrollado una camaradería especial durante el conflicto y que estarán en contra del sistema liberal, por el cual no se sienten representados y al que consideran culpable de la crisis económica, del paro y de las pésimas condiciones laborales.