lunes, 28 de abril de 2014

Martin Schongauer, Heiliger Antonius: von Dämonen gepeinigt, 1473

San Antonio fue un personaje que vivió entre el siglo III y el siglo IV después de la Era, en lo que ya por aquel entonces era Egipto. Y más allá de la veracidad del relato de su vida que aparece en la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, lo que podemos destacar es la importante iconografía que ha dejado en el mundo de la historia y el arte. De este modo, hoy queremos señalar un grabado que refleja los tormentos a los que se vio sometido San Antonio tras vagar muchos años por el desierto. No es otro sino el grabado de Martin Schongauer de San Antonio, atormentado por los demonios.


@ Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, Estados Unidos

Este grabado es importante, porque sirvió de inspiración a numerosos autores para sus pinturas, como por ejemplo al mismísimo Miguel Ángel (la primera de las reproducciones), o al pintor aragonés Martín Bernat (en la segunda).

 @ Kimbell Art Museum, Fort Worth, Texas, Estados Unidos

@ MUDIZ, Zaragoza, España

domingo, 27 de abril de 2014

Noam Chomsky, Política y cultura a finales del siglo XX, 1996 (Parte II)

En resumen, una tendencia clara hacía el gobierno mundial de ricos para ricos, sustentado por el capitalismo y que ha acabado con el ideal democrático (pp. 80-85). Un sistema, que según el ponente, solo ha sufrido dos reveses a lo largo del siglo XX. Uno, más lejano en el tiempo pero de mayor impacto, fue la Revolución bolchevique de 1917. La Rusia imperial, la Rusia de los zares, se derrumbó como un castillo de naipes en plena Primera Guerra Mundial. Una fuga del mercado capitalista en lo que Julián Casanova ha denominado como «la venganza de los siervos»(6). El otro, lo que las clases dominantes conocieron como la «crisis de la democracia» en los años setenta, es decir la herencia cultural de los movimientos sociales de los años sesenta, como el mayo del 68 francés o los movimientos en pro de los derechos civiles en los eeuu, que del mismo modo que la Revolución Rusa fueron vistos con preocupación desde las clases del poder. Unas ideas que no han adoptado forma institucional, pero que según Chomsky gozan de gran importancia desde un punto de vista moral (p. 85).

@ Forges 

Así, en esta línea argumental de intelectualidad, mundo cultural y mundo político-económico, podemos enlazar la última de sus intervenciones titulada en el libro como «Creación y cultura a final del siglo XX». Un último apartado donde el autor incide en la paradoja de que si bien la revolución científica supuso una mayor visión del mundo desde el siglo xvii, de esta visión se han visto excluidos grandes sectores de la población (p. 80). Un foco muy reducido que ha permitido la separación entre la cultura general y la cultura de élites. Por lo tanto, Chomsky cierra el círculo. Capitalismo, es decir, poder económico, democracia que es lo mismo a poder político, y cultura, en este caso cultura de élites. Por lo que sus tres intervenciones pretendían alertar sobre los peligros del sistema. Ante ello, solo una cultura alternativa, una cultura que Chomsky denomina como «cultura moral», puede resarcir los errores que hemos cometido como sociedad en el pasado, precisamente cuando se cumplía el quinto centenario del descubrimiento de América (p. 115).

A modo de conclusión, podemos afirmar que este libro nos sugiere una serie de ideas muy interesantes, algunas referentes a las materias que hemos visto durante este máster. En primer lugar, me gustaría señalar el momento en el que las conferencias y el libro fueron publicados, ya que desde mi punto de vista es básico para entender la importancia del libro. Las conferencias datan de 1992, y el libro sale publicado en 1994, muchos autores sugieren este periodo como el verdadero final del siglo XX(7). Por lo tanto, lo que Chomsky planteaba era un balance, pero no solo un balance político, algo más allá, una toma de conciencia sobre la cultura que se ha desarrollado a lo largo la historia contemporánea aprovechando la caída de la Unión Soviética, el final del comunismo real y la crisis de la ideologías. Debemos entender por lo tanto este libro, en un momento en que numerosos intelectuales lo entendieron idóneo para establecer unas conclusiones de la experiencia del siglo xx. Por ello, podríamos pensar que este libro, veinte años después de su publicación, ha perdido su importancia, pero todo lo contrario. Los peligros que Chomsky nos plantea están todavía muy presentes. Por el lado político, los coletazos de los gobiernos neoliberales parecen no tener fin, en plena crisis económica, el mundo occidental se enfrenta a las políticas más restrictivas en el plano cultural desde la Segunda Guerra Mundial. Algo que en la cultura popular se ha traducido a un decrecimiento de las actividades intelectuales, ya sea en la investigación o en la creación artística.

En suma, estas conferencias de Chomsky nos demuestran como ese frente político-económico de las clases dominantes ha influido inevitablemente en la producción cultural, entendiendo cultura en el sentido amplio del término. Algo que sin duda aquí nos interesa señalar, puesto que en la gestión del patrimonio cultural, uno de los objetivos debería ser gestionar la accesibilidad de la cultura, pero no una cultura de élites, sino la cultura de todos. Así, hemos visto como durante muchos años la historia y la cultura ha estado determinada por los sectores del poder, dejando al margen la cultura popular, o lo que E.P. Thompson denominó como la «historia desde abajo»(8). Por lo tanto, vuelvo a insistir en que este libro es interesante tanto en su contexto como en la actualidad.

(6) Julián Casanova, Europa contra Europa. 1914-1945, Barcelona, Crítica, 2011, pp. 31-60.
(7) Un ejemplo lo tenemos en el historiador Eric Hobsbawm, célebre por la acuñación del término «siglo corto» para referirse al siglo xx. De hecho en su traducción al español, los editores no han respetado su título original de «The Age of Extremes: the short twentieth century, 1914-1991». Eric Hobsbawm, Historia del siglo xx, 1914-1991, Barcelona, Crítica, pp. 11-27.
(8) La expresión en inglés «history from below»: Miles Taylor, «The Beginnings of Modern British Social History?», en History Workshop Journal, n. 43, 1997, pp. 155-176.

sábado, 26 de abril de 2014

Noam Chomsky, Política y cultura a finales del siglo XX, 1996 (Parte I)

La caída del muro de Berlín, con todas sus consecuencias, tuvo un impacto enorme en el panorama cultural del mundo occidental, no en vano significó el final del sistema bipolar sobre el que se había organizado la política internacional tras el final de la Segunda Guerra Mundial(1). Este libro de Noam Chomsky, fruto de unas conferencias del mismo en España en 1992, es una buena muestra de ello. Y es que Chomsky no es un intelectual cerrado a sus investigaciones, donde por otra parte es un destacado lingüista generacionista, sino que ha volcado toda su capacidad de movilización en torno a su nombre, como arma contra el conformismo. En el propio libro objeto de esta recensión se hace hincapié de la temprana conciencia política de Chomsky, cuando a los 11 años de edad la noticia de la caída de Barcelona ante las tropas franquistas causó un gran impacto en sus ideas en torno a la revolución social (p. 6). De este modo, con la llegada a su madurez intelectual, al mismo tiempo que ha desarrollado numerosas investigaciones relacionadas con la lingüística, su espectro de publicaciones se ha visto coloreado con multitud de libros de corte político donde se posicionaba como un intelectual «de izquierdas». Así, desde la Guerra de Vietnam hasta la actualidad, Chomsky se ha ido situando como una de las figuras de referencia dentro del activismo intelectual de izquierda occidental. Caracterizado sobre todo por su crítica a la política exterior de los Estados Unidos de la que ha llegado a decir: «As the most powerful state, the us makes its own laws, using force and conducting economic warfare at will. It also threatens sanctions against countries that do not abide by its conveniently flexible notions of “free trade”»(2). Él mismo se ha descrito políticamente en un sentido amplio, como un anarcosindicalista y socialista libertario, crítico con la ortodoxia leninista del marxismo(3).


En este sentido, el libro aquí tratado, supuso la primera experiencia en el panorama español del célebre lingüista en su faceta más reivindicativa. De su fuerte influencia responde la publicación de este libro, en un momento clave además para la historia de Occidente. Así, la estructura del libro responde a las tres conferencias con las que Chomsky ilustró su discurso político, tres partes que por otro lado tienen todas un hilo conductor claro, la relación entre política, democracia, capitalismo y cultura –entendiendo como cultura el sentido amplio del término–. De este modo, en la primera parte titulada «Perspectivas de libertad y justicia», Chomsky expone su teoría sobre las relaciones entre los centros de poder mundial con las zonas de «explotación». En este sentido, el ponente nos descubre cómo ya Adam Smith, en el siglo xviii, observaba que el sometimiento al Imperio Británico condenaba a la pobreza a unas colonias hasta entonces prósperas (pp. 15-16). En suma, en un análisis braudeliano de la historia(4), Chomsky conectaba el descubrimiento de América, con el establecimiento de la urss y la Guerra Fría, incluso hasta la «nueva era imperial» constituida por George Bush tras la guerra del Golfo, en aquel momento de cercana actualidad. Es decir, lo que podríamos resumir en la eufemística expresión –según Chomsky (p. 74)– de las relaciones entre «el Norte y el Sur».


Y ante esta configuración injusta del mundo, basada en la idea de que el capitalismo y la democracia es para unos pocos ¿Qué actitud han adoptado los intelectuales según Chomsky? Pues ciertamente muy diversa y es este, sobre todo, uno de los aspectos en los que se centra la segunda de sus conferencias, que está recogida en este libro bajo el título de «Poder y democracia». Para el autor, la historia se ha caracterizado por la idea de progreso en torno a un ideal de democracia liberal (p. 45), una democracia que por otra parte ha tenido desde el siglo xviii una doble definición. Por un lado, la democracia entendida como control ideológico, y es que desde la Revolución Francesa las clases dirigentes han observado con temor los peligros de la democracia. Algo que me recuerda a los miedos de algunos exponentes del liberalismo decimonónico al sufragio universal(5). Así, Chomsky explica cómo de esta tradición bebió el célebre periodista americano Walter Lippmann, cuando a principios de siglo xx se atrevió a dividir la sociedad en dos clases de ciudadanos, hombres responsables y el «rebaño», es decir, la masa (pp. 48-49). Al mismo tiempo, por otro lado, también nos expone una tradición libertaria, que ha entendido la democracia en su acepción real, en pro de la igualdad, y que para Chomsky es rastreable hasta el propio John Locke (p. 50).

(1) Una buena aproximación al periodo que comprende el final de la Segunda Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética en Tony Judt, Postwar: A History of Europe Since 1945, New York, The Penguin Press, 2005, 878 páginas. 
(2) Christian Garland«Noam Chomsky», en Immanuel Ness (ed.), The International Encyclopedia of Revolution and Protest: 1500 to the present, Blackwell Publishing, 2009. 
(3) Ibídem. 
(4) Un ejemplo de la teoría sobre triple tiempo histórico (larga duración, coyuntura y acontecimiento) de Fernand Braudel en El Mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1953.
(5) En la España del siglo XIX son célebres las participaciones en el debate de Fermín Caballero , Joaquín María López o Andrés Borrego: María Sierra, ‎María Antonia Peña Guerrero y ‎Rafael Zurita, Elegidos y elegibles: la representación parlamentaria en la cultura del liberalismo, Madrid, Marcial Pons, 2010.