miércoles, 21 de junio de 2017

Salvador Dalí, Cristo de San Juan de la Cruz, 1951


Si bien Salvador Dalí fue conocido por ser uno de los más famosos pintores surrealistas del siglo XX, también lo fue por haber sido un personaje extravagante y extraño. Pinturas de carácter onírico recorren su obra, con la problemática de nunca llegar a entender muy bien que significan sus cuadros o qué mensaje encierran los mismos. Pero en este caso, entender su Jesucristo crucificado es mucho más esclarecedor que muchas del resto de sus obras. 

Para empezar nos puede llamar la atención la perspectiva desde la que el pintor quiso representar a Jesús, crucificado desde una perspectiva aérea. Un Jesucristo sin rostro y además, con el pelo corto. De hecho, no pocas críticas le llegaron desde los sectores más católicos, pero el propio Dalí justificaba esta forma de representación como una inspiración en una de las miniaturas que había pintado el propio San Juan de la Cruz. Un sueño hizo que además esta inspiración le hiciera representar a Jesucristo crucificado sobre un escenario idílico similar a Port Lligat.

El cuadro es todo un catálogo de simbología. Un Cristo que destaca gracias a ese contraste entre la potente luz que lo ilumina y el fondo oscuro sobre el que se representa la cruz. Debajo, un escenario costero con un pequeño puerto donde varios pescadores trabajan sin reparar en lo que tienen encima de sus cabezas y, sobre todo, un Cristo sin sangre, un Cristo sin clavos, un Cristo divino que parece estar flotando sobre la cruz. 

miércoles, 12 de abril de 2017

Apuntes de historia: ¿Qué significó la Segunda República?

Nos acercamos al 86 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española y, ante la falta de memoria que parecen tener los medios de comunicación a la hora de buscar referentes democráticos en nuestra historia, hoy vamos a hablar de lo que significó aquel régimen y lo que ha significado hasta la actualidad. Así, lo primero que podemos decir es que la II República fue el primer proceso de democratización profunda en nuestro país. A la cola de nuestros vecinos europeos, España había vivido un siglo XIX de luchas políticas que había configurado un régimen conservador totalmente anticuado. Primero, fue la Restauración, que en nombre de Fernando VII liquidó cualquier esperanza liberal que había otorgado la Constitución de 1812. Después, su hija Isabel II, bajo regencias y luego bajo su nombre, sentó las bases del sistema turnista que solo el corto periodo del Sexenio Democrático pareció interrumpir (1868-1874). Con Alfonso XII y, sobre todo, con Alfonso XIII, la monarquía de los borbones se presentó como principal sustento de un sistema conservador e incluso dictatorial. No debemos olvidar, que fue bajo el reinado de Alfonso XIII, también conocido como el «rey del porno», cuando Miguel Primo de Rivera encabezó un golpe de Estado en 1923 con el propio consentimiento del monarca. Todo ello, acabó con la suspensión de la Constitución de 1876 y con el establecimiento de una dictadura militar que se prolongará hasta 1930. De hecho, tras la dimisión de Primo de Rivera, y el nombramiento de Dámaso Berenguer como jefe de gobierno, la pretensión del rey era la de volver a la situación previa a 1923. Pero esto, evidentemente, no era ya posible.


Puerta del Sol de Madrid, 14 de Abril de 1931.

La vinculación de Alfonso XIII con el régimen de Primo de Rivera era innegable y, el descrédito y la pérdida de legitimidad se tradujo en un importante resultado para las fuerzas republicanas en las elecciones municipales del 12 de Abril de 1931. Concentrado en las grandes ciudades, el voto republicano no era tanto un fervor hacia la república sino un sentimiento propiciado por el hundimiento de la monarquía. De este modo, el 13 de Abril el monarca decide emprender el camino del exilio y el vacío de poder lo ocupará el comité provisional de fuerzas republicanas, configurado un año antes en el llamado Pacto de San Sebastián (1930), donde se reunieron los principales partidos y representantes republicanos. Así, un día después, el 14 de Abril, se proclama la II República Española sin gran convulsión social, aunque sí un leve sentimiento de alegría que se apagará tan pronto aparezcan las primeras tensiones y problemas. Y es que hay que tener en cuenta, que el hundimiento del viejo orden del siglo XIX no fue un caso aislado en España, pues tras la Primera Guerra Mundial (1918) la mayoría de los viejos imperios se habían convertido en regímenes democráticos. Si bien es cierto, que esta dinámica se rompió con un periodo de tensiones políticas, lo que la historiografía ha denominado como «Guerra civil europea», y que primero en Italia, luego en Alemania y después en la mayoría del continente, fue transformando a las democracias en regímenes totalitarios o fascistas.

En junio de 1931 tras las elecciones a Cortes Constituyentes se dibuja una mayoría de la conjunción republicano-socialistas frente a las fuerzas conservadoras. A pesar de ello, tenemos que desterrar el mito de un república revolucionaria. Si es cierto, que los dos primeros años que van desde la proclamación de la Constitución (9 de Diciembre de 1931) hasta el final del Bienio Reformista, son un periodo de reformas, van a ser reformas desde arriba, dibujando desde el primer momento una república de orden. Así, con la Constitución como pieza clave, en los primeros meses hubo mucho movimiento legislativo que despertó cierta esperanza regeneracionista de todos aquellos que querían acercarse a la modernidad europea, en esos momentos muy debilitada. El primer presidente de la II República será Niceto Alcalá Zamora, conservador y católico, muestra de esa república de orden que se estaba configurando. El primer gobierno, estará formado por una coalición entre partidos republicanos, el Partido Socialista y el Partido Radical, cuya cabeza visible será Manuel Azaña. Un giro a la izquierda que contrarrestaba la presencia de un conservador en la jefatura del Estado.


El Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, junto con el
Presidente del Gobierno, Manuel Azaña y su gobierno.

De este modo, tras la aprobación de la Constitución, el gobierno republicano encabezado por Manuel Azaña se propuso trabajar en tres grandes frentes. En primer lugar, la reforma del ejército. Un ejército anticuado y que tradicionalmente había estado presente en la vida pública y política del país desde le pronunciamiento de Riego en 1820. El problema, es que si bien los primeros golpes tenían un carácter progresista, conforme fue avanzando el siglo XIX estos fueron adquiriendo un tinte cada vez más conservador. Así, el principal problema del ejército era su macrocefalia, es decir, una importante saturación de oficiales. Muchos de ellos africanistas y, sobre todo, poco leales al nuevo régimen. De este modo, se promovieron cientos de retiros forzosos de la vieja guardia y se obligó a los oficiales que continuaban la realización de un juramento de fidelidad a la república. Al mismo tiempo, se intentó democratizar la institución mediante la creación de nuevas escalas de suboficiales, con personal más joven para ampliar la base del ejército. Evidentemente, estas reformas tendrán grandes oposiciones dentro del ejército y, desde la llegada de la República, comenzarán a conspirar contra ella. El segundo foco de atención fue la reforma educativa. El objetivo era crear una educación libre y laica, con mucha menos influencia de la Iglesia. Para ello, se promovió la creación de cientos de escuelas públicas. Las fuerzas progresistas consideraban fundamental la promoción de la educación para la formación de los futuros ciudadanos. Del mismo modo, esa lucha contra la gran influencia que tenía la Iglesia en la sociedad española se tradujo en la introducción del matrimonio civil, la ley del divorcio o la secularización de cementerios. 


Sanjurjo y otros oficiales durante su juicio,
tras el fallido golpe de Estado de 1932.

La tercera línea de actuación fue la reforma agraria, principalmente enfocada a disminuir la desigual propiedad de la tierra, sobre todo en el sur, con la existencia de grandes latifundios y con un beneficio basado en la sobreexplotación del campesino jornalero. Esta desigualdad, foco de inestabilidad social, se pretendía sofocar mediante la expropiación de grandes latifundios y, posteriormente, el reparto entre los jornaleros. Para ello se creó el Instituto de la Reforma Agraria (IRA) que se ocupaba de elaborar el censo de propiedades que podían ser objeto de esa expropiación, aunque al contar con la colaboración de los alcaldes de los municipios, en ocasiones eran presionados por los grandes propietarios y el censo acababa en fraude. Esta medida, muy debatida tanto en el Congreso como en la sociedad, fue moderada en Septiembre de 1932. De este modo, a la altura de 1933 con la llegada al poder de las fuerzas conservadoras, su aplicación se paraliza y, por lo tanto, el resultado fue bastante limitado. Todo ello, acompañado de un paquete de medidas para mejorar las condiciones laborales como; la introducción de la jornada laboral de ocho horas o la configuración de jurados mixtos de patronal y trabajadores para los conflictos laborales. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Apuntes de historia: Maravillas Lamberto Yoldi (1922-1936)

Era el 15 de Agosto de 1936, sobre las 2 de la madrugada. Dos falangistas aporrearon la puerta de una casa, mientras una pareja de la Guardia Civil esperaba en la calle. La casa era la de Vicente Lamberto, un trabajador del campo, un labrador de Larraga (Navarra) cuyo único delito era el de estar afiliado a la UGT. En la casa, vivía junto a su esposa, Paulina, y sus tres hijas, Maravillas, Pilar y Josefina, y ante la amenaza insistente de derribar la puerta, Paulina accedió a abrir. Entonces, los dos falangistas entraron en la casa y obligaron a Vicente a salir para que les acompañarse. La mayor de sus hijas, Maravillas, que en esos momentos tenía 14 años, imaginándose el destino que le esperaba a su padre, pidió poder acompañarlo para no dejarlo solo. Los falangistas accedieron.

De este modo, Vicente y Maravillas fueron llevados al Ayuntamiento de Larraga, en cuya planta inferior se había improvisado una pequeña celda de concentración de apresados, un método, que por otra parte, fue empleado por los golpistas de manera general en toda España. Sea como fuere, al mismo tiempo que Vicente era recluido en ese improvisado campo de concentración, a la joven Maravillas la subían al primer piso, donde en una de las habitaciones del ayuntamiento fue violada en repetidas ocasiones. A las cinco de la mañana, algunos vecinos vieron con sus propios ojos como Maravillas, con sus ropas destrozadas, era introducida junto a su padre en un vehículo, una camioneta propiedad del herrero del pueblo, para nunca más regresar.



Algunos investigadores han determinado que ambos fueron llevados a un bosque cercano a Ibiricu en el Valle de Yerri. De hecho, fue allí donde, junto con otros presos, fueron asesinados. Cuenta su hermana pequeña, Josefina, la única superviviente de la familia y que en los últimos años ha estado muy involucrada en todos los proyectos vinculados con la memoria histórica, que a su padre «lo dejaron en una cuneta, que al parecer está ahora cubierta por la carretera, de ahí que no le pueda encontrar». En cuanto a su hermana, ha relatado que «la hallaron unos campesinos en un campo abandonado cuando regresaban de estar con el ganado. Dijeron que los perros le habían comido las piernas y los glúteos, de manera que la rociaron con gasolina y la quemaron por pura humanidad». Por si esto fuera poco, el calvario para la familia de Maravillas no acabó aquí. Después de asesinarla a ella y a su padre, su familia, como tantas otras familias, fue estigmatizada por pertenecer al bando perdedor, al bando republicano, y perdieron su casa y las pequeñas tierras que tenían en arriendo. 

Esta triste historia, no es sino una historia de tantas otras que pesan sobre nuestras espaldas. Esta historia, lo queramos o no es nuestra, y es nuestra obligación no olvidarla nunca. Así, la Historia como ciencia, no debe ser una materia que se limite al estudio de los acontecimientos del pasado, tiene que ser un análisis crítico que nos lleve a plantearnos el cómo y el porqué de sucesos tan negros como el aquí hoy se ha presentado. Así, aunque muchos quieran negarlo, la Guerra Civil Española no fue un producto de la II República, la guerra civil fue un producto, única y exclusivamente, del fracaso del Golpe de Estado del 18 de Julio de 1936. Fue, de hecho, un rasgo de la sublevación, el uso inmediato de la violencia represiva en los lugares donde sí triunfó el Golpe. Bajo el «Estado de guerra» y el código judicial del régimen militar se eliminó a miles de personas en los primeros meses de la guerra, sin ningún tipo de garantía judicial.



El ritual, como hemos visto en el caso de Maravillas, solía ser siempre el mismo. El paseo y la saca. Después de haber incautado las fichas de los militantes en partidos republicanos y sindicatos, los sublevados detenían en sus domicilios a los presos políticos. Una vez reunidos en improvisados campos de concentración, eran trasladados de madrugada, cuando todavía era de noche, a las afueras de las localidades donde eran asesinados. Las principales victimas fueron autoridades republicanas, profesores e intelectuales, miembros sindicales y por supuesto, mujeres vinculadas a la tradición política republicana o hermanas, madres, esposas y compañeras de otros detenidos. Hoy, 8 de marzo, Día de la mujer, no hay mejor forma de protesta que recordar las barbaridades, que unos cuantos desalmados, cometieron contra una niña que solo tenía catorce años. Porque su memoria y recuerdo nunca se olvide.

BIBLIOGRAFÍA

Batzarre. Testimonios de Josefina y de Pilar Lamberto, hijas y hermanas de Vicente y de Maravillas, vecinos de Larraga, asesinados en 1936 [En línea]. Disponible en: <http://www.batzarre.org/firma.php?id=65>

Gorka Moreno, «Maravillas, violada y asesinada junto a su padre en 1936, tendrá su propia calle en Larraga», en El Informador [En línea]. Disponible en: <http://gorkamoreno28.blogspot.com.es/2012/03/maravillas-violada-y-asesinada-con-14.html>

martes, 28 de febrero de 2017

Apuntes de historia: Revolución industrial o proceso de industrialización (II)

Ya comentamos que para que se produzca un proceso de industrialización, previamente es necesario una transformación en el mundo agrario. Así, la también llamada «revolución agraria» tiene una serie de aspectos que son fundamentales para la industrialización de la Gran Bretaña del siglo XVIII. Por un lado, el sistema de cercamientos (enclosure acts), con un sistema de leyes que favorecieron la creación de grandes fincas, ya que permiten la venta de tierras comunales y, por lo tanto, el acceso a las mismas de grandes propietarios. De este modo, se crean grandes focos de producción agrícola que a su vez, atraen a miles de campesinos y trabajadores. Por otro lado, el incremento de roturaciones que aumentó considerablemente la superficie cultivable, lo que se tradujo en una mayor extensión y por lo tanto en una mayor producción. En tercer lugar, la producción también se vio favorecida por la creación de nuevas rotaciones de cultivo, como por ejemplo el sistema Norkfolk (de carácter cuatrienal). Además, fue importante la introducción de novedades, técnicas, como por ejemplo la azada de vertedera, que profundiza y oxigena la tierra, o las azadas de hierro y las primitivas maquinarias, manufacturadas por la primera industria siderúrgica. Asimismo, hay que tener en cuenta la utilización de nuevos abonos, el uso de los primeros abonos químicos o el uso del guano, las nuevas variedades de semillas, mucho más resistentes ante las inclemencias del tiempo.


Enclosure Acts en Inglaterra, la privatización de las tierras comunales.

De este modo, poco a poco, con una menor necesidad de mano de obra por parte del sector agrícola, el proceso de mecanización e industrialización se traslada al sector manufacturero e industrial. La «revolución industrial», o el proceso por el cual se va sustituyendo progresivamente la fuerza del hombre por las herramientas y las máquinas, tiene una gran importancia sobre todo en tres sectores; la industria textil y algodonera, la industria siderúrgica y la industria del transporte. En cuanto al primero, el caso inglés es paradigmático, pues si bien a principios del siglo XVIII la industria textil en Gran Bretaña era prácticamente inexistente, les bastó unos pocos años para convertirlo en uno de los sectores más importantes del país, representando un 50 por cierto del total de las exportaciones. La introducción de la máquina de vapor (inventada en 1781) al proceso productivo en la manufactura del algodón hará que se multiplique su producción, ya que no se dependerá del cauce de los ríos para ello y, por lo tanto, facilitará también la concentración industrial. Además, innovaciones como la lanzadera volante de Kay (1773), la máquina de hilar de Crompton (1779) o el telar mecánico de Cartwright (1785), harán cada cada vez menos necesaria la mano del hombre en el proceso productivo.


Modelo de la máquina de hilar de Crompton (1779)

Los británicos poseían mucho carbón, y este será el principal motor de la revolución industrial y, sobre todo, de la industria siderúrgica. De hecho, la aplicación de las novedades técnicas al mundo de la siderurgia, hará que Gran Bretaña se convierta en el mayor productor de hierro del mundo. Todo esto con unos datos comparativos se ve más claro, sí en 1790 Inglaterra producía unas 600 mil toneladas de hierro, Francia en el mismo momento no llegaba a la tonelada. De hecho, cuando la industrialización llega a Europa, Inglaterra ya había tomado la delantera, en 1840 Inglaterra produce ya 3 millones de toneladas, pero es que Alemania en la misma fecha solo llega a las 4 toneladas. Esto será posible gracias a inventos como la pudelación y el laminado, introducidas por Henry Cort en 1784 para la refinación del hierro o ya en el siglo XIX (1860) el convertidor Thomas-Bessemer para la producción del acero.


Como ya dijimos, la importancia de los transportes fue vital para el proceso de industrialización. Pero no es que solo fuera vital, sino que además fue uno de los primeros sectores en donde se aplicaron las novedades técnicas, como por ejemplo la aplicación del motor del vapor. De hecho, el primer ferrocarril data de la década de los 20 en el siglo XIX, aunque sus primeras pruebas fueron a finales del siglo XVIII. En este sentido, el ferrocarril permitió la especialización agrícola, por su capacidad de transporte, ya que inicialmente solo se centraba en el transporte de mercancías. De ahí que hubiera un gran desarrollo del transporte fluvial, con barcos de máquinas de vapor. También es importante el nuevo sistema de construcción de carreteras (sistema macadán, de John Loudon McAdam), que consiste en una base de piedra picada, más otra de grava, con la cual absorbe en buena medida el agua y salva las malformaciones de la calzada. Con la aplicación de la apisonadora con máquina de vapor desde 1860, ese trabajo será mucho más fácil. Además, muy relacionado con los medios de comunicación, se introducen el telégrafo, desde 1844, y con el aislamiento del hilo, a partir de 1865, se tienden líneas que comunican Europa y América del Norte. Desde 1840 se empiezan a crear los primeros servicios públicos de correos en los distintos estados. Además, las novedades tecnológicas de la industrialización se introducen en el mundo de la prensa, aparecen las rotativas, provocando que cada vez haya una información más rápida de la actualidad. 

El «Stephenson's Rocket».
Una de las primeras locomotoras de Gran Bretaña (1829)

Como cualquier otro proceso histórico, el fenómeno de industrialización no tiene una interpretación única, siempre existe un debate historiográfico. Una primer línea interpretativa, vinculada a los autores británicos cercanos al movimiento obrero, hablan de una degradación de la clase obrera trabajadora durante la Revolución Industrial. Destacan dentro de esta interpretación autores como Hammond, Toynbee o Webb. Otra línea, entiende la industrialización dentro de una visión en ciclos económicos, como una fase anterior al proceso de formación del sistema capitalista. El autor por excelencia de los ciclos económicos de la Revolución Industrial es Rostov. En tercer lugar, una interpretación positiva que vincula la industrialización a un periodo de optimismo económico y bonanza. Historiadores como Niveau o Landes, hablan de «progreso tecnológico y revolución industrial» y trabajan la idea de que la Revolución Industrial es un proceso de aceleración continua, una verdadera carrera entre los Estados por obtener un mayor poder. Una cuarta línea de interpretación, sobre todo surgida tras el crack del 29 o la crisis del petróleo de los años setenta (siglo XX) tiene una visión negativa de la industrialización, poniendo acento no solo en el concepto de progreso, sino también en las consecuencias negativas.


Robert Koehler, Der Streik (La Huelga), 1886.

En este sentido, hablar de las consecuencias de la Revolución Industrial es casi como hablar de la historia de nuestro tiempo. Desde el principio, habrá una imposición férrea de la disciplina laboral, salarios bajos, empleo infantil (por ser dóciles y baratos). Se crean situaciones de verdadera miseria humana, hay un gran descontento e insalubridad en los barrios obreros de las ciudades. En este primera etapa, hay una inexistencia total de políticas sociales, por lo que tampoco hay posibilidad de promocionar o de salir de esa situación. La deshumanización del trabajo con la entrada de las máquinas provoca un ejercicio rutinario con graves consecuencias psicológicas. Aumento de los índices de alcoholismo, suicidio, criminalidad, prostitución. Además, hay una gran polarización social, con grandes divisiones entre clases y entre regiones. Con la industrialización se multiplica la necesidad de materias primas y por lo tanto, la búsqueda de políticas expansionistas, imperialistas y colonizadoras. Finalmente, ante esta situación injusta, aparecen movimientos obreros de protesta, los cuales explicaremos más detenidamente en una entrada dedicada para el surgimiento del movimiento obrero.